hugo pratt

hugo pratt
SOLO SOY CRITICABLE EN EL MARCO DE LA IDEA QUE YO TENGO DE MI MISMO
(Ricardo Piglia)

S I R E N A S
A H O G A D A S
E N V O D K A


viernes, 30 de abril de 2010

tajamar

escuche al blogger de chegenetic usar esta palabra, tajamar. Esta relacionada con malecon, con el arco de los puentes para que que el mar no dañe los pivotes. Con muelles que entran en los mares. Pleamar, tajamar, las palabras que aluden al mar, tienen el gusto salobre del mar. Che genetic la usa con un sentido de brecha, de entrada en un surco. Hay palabras que son como brasas: Tajamar. Bella palabra.

reflotando kandor

No hay  nada mas raro que escribir una novela. Aun para una mina que escribe como si fuera una surrealista, asi, a lo que sale, que escribe como quien habla, sin reparar mucho en nada.
(hoy escuche la palabra tajamar. La dijo un bloguer CHEGENETIC, y estoy enamorada de esa palabra, y la tengo que escribir, como si fuera una fina flor holandesa y yo no tuviera mas remedio que acercarme y tocarla y olerla, tajamar ¿no es una fina flor holandesa?
Tengo una novela,Kandor. Y este es uno de los capitulos. ¿tengo una novela, o un monton de palabras amuchadas que no hacen nada?

...Las puertas, supongo que estoy hablando de eso que hizo que Morrison le ponga a su grupo The Doors.Gran topico de la literatura lisérgica de los sesenta. Las puertas no son un invento de los beatniks, ni del greenwich village Ya las buscaban los derviches vagando en el desierto, los constructores de pirámides, el doctor Hardoy cuando encontraba sin buscarla a la muerta Celina en la milonga porteña de sirvientas, son las puertas que buscan los recolectores de cucumelos, los que rezan mantras delante de un papiro sagrado, los que piden para que el buen Jesús los recoja en su regazo mientras el cancer les taladra el higado en la cama de un hospital publico.
Puertas que podes suponer encontrar si sos abducido o que podes imaginarte en esa pelicula sin puertas pero donde hay un actor que sale de la cama y es siempre el mismo dia, y el tipo se quedo del otro lado de la puerta, como si te miraras en el espejo y estuvieras del otro lado, y vos pensas que pesadilla,no puede ser, tiene que existir otra dimension donde el tiempo pase: y a veces sin que medie nada extraordinario sentis que estas atrapado en un mundo paralelo.Y es mucho peor, por que solo lo intuis, la vida es como siempre pero vos pensas, no , esta no puede ser la vida de verdad.
Hay puertas en esa historia donde una puber rubia, a la que le estan saliendo apenas las tetitas, es llevada a pasear por un matematico religioso en un bote y le cuenta un cuento donde una puber rubia se cae en un pozo que parece no tener fondo pero que esta lleno de cosas a los costados, y que cuando finalmente derrapa en el pasto, es mirada severamente por un conejo con un reloj de bolsillo y le dice que se ha atrasado.
O acaso las puertas no separan una una dimension a otra, las puertas pueden ser montarse en el Principesa Mafalda y cruzar un océano sin fin y llegar a un pais donde te recibe un hotel de inmigrantes con canastas llenas de pan humeante, de pan con olor a pan recien horneado , y las canastas parecen el cuerno de la abundancia y la ciudad que sera como un plano de mis humillaciones y fracasos abre las piernas y recibe el semen de miles de personas que fecundan la patria cualquier cosa que la palabra patria signifique.
Por ahí Kandor es un estado del alma, como los viajes astrales, Kandor sea un efecto de la tensegridad. Por ahí es el cuartito de herramientas donde la vieja supone que el marido hace alguna reparacion, pero alli el hombre entra en Kandor y huele los nogales, cuida cabras siendo niño, recibe una paliza feroz con un cinturón con hebilla.
O Kandor es el lugar donde residen los destellos de una decada que te pasaste sin darte cuenta y no te acordas de esos destellos o los destellos no valen la pena, cuando son mirados.

jueves, 29 de abril de 2010

petinato y los hijos de puta

Cada dia miro menos tv. Pero hoy en el laburo de la mañana, la unidad sanitaria donde trabajo,  me contaba una enfermera pobre que sistematicamente vota contra el pueblo, como si supiera donde esta lo que finalmente la va a garcar, que queria comprar un libro en la feria del libro. Interesada, le pregunte cual (queria ir el sabado para escuchar a Majul, decia que iba a estar toda la gente que merece respeto en el periodismo argentino, todos los importantes). Un libro sobre hijos de putas. Parece vio en el programa de Petinato que alguien (no supo precisar) escribio sobre la maternidad en mujeres en situacion de prostitucion. Bah, mujeres que trabajan de putas.
La cuestion es que sus relatos iban en el sentido inverso del cuento. Es que esta enfermera ve virtud donde yo veo cochambre, y viceversa. La madre de Ernesto, bellisimo, tan bello que despeina,como diria Mario.
Madres y putas, quien no. Pero ahi esta, la madre de Ernesto.

La madre de Ernesto
Abelardo Castillo

     
     
Si Ernesto se enteró de que ella había vuelto (cómo había vuelto), nunca lo supe, pero el caso es que poco después se fue a vivir a El Tala, y, en todo aquel verano, sólo volvimos a verlo una o dos veces. Costaba trabajo mirarlo de frente. Era como si la idea que Julio nos había metido en la cabeza -porque la idea fue de él, de Julio, y era una idea extraña, turbadora: sucia- nos hiciera sentir culpables. No es que uno fuera puritano, no. A esa edad, y en un sitio como aquél, nadie es puritano. Pero justamente por eso, porque no lo éramos, porque no teníamos nada de puros o piadosos y al fin de cuentas nos parecíamos bastante a casi todo el mundo, es que la idea tenía algo que turbaba. Cierta cosa inconfesable, cruel. Atractiva. Sobre todo, atractiva.
      Fue hace mucho. Todavía estaba el Alabama, aquella estación de servicio que habían construido a la salida de la ciudad, sobre la ruta. El Alabama era una especie de restorán inofensivo, inofensivo de día, al menos, pero que alrededor de medianoche se transformaba en algo así como un rudimentario club nocturno. Dejó de ser rudimentario cuando al turco se le ocurrió agregar unos cuartos en el primer piso y traer mujeres. Una mujer trajo.
      –¡No!
      –Sí. Una mujer.
      –¿De dónde la trajo?
      Julio asumió esa actitud misteriosa, que tan bien conocíamos –porque él tenía un particular virtuosismo de gestos, palabras, inflexiones que lo hacían raramente notorio, y envidiable, como a un módico Brummel de provincias–, y luego, en voz baja, preguntó:
      –¿Por dónde anda Ernesto?
      En el campo, dije yo. En los veranos Ernesto iba a pasar emanas a El Tala, y esto venía sucediendo desde que el padre, a de aquello que pasó con la mujer, ya no quiso regresar al pueblo. Yo dije en el campo, y después pregunté:
      –¿Qué tiene que ver Ernesto?
      Julio sacó un cigarrillo. Sonreía.
     –¿Saben quién es la mujer que trajo el turco?
Aníbal y yo nos miramos. Yo me acordaba ahora de la madre de Ernesto. Nadie habló. Se había ido hacía cuatro años, con una de esas compañías teatrales que recorren los pueblos: descocada, dijo esa vez mi abuela. Era una mujer linda. Morena y amplia: yo me acordaba. Y no debía de ser muy mayor, quién sabe si tendría cuarenta años.
      –Atorranta, ¿no?
      Hubo un silencio y fue entonces cuando Julio nos clavó aquella idea entre los ojos. O, a lo mejor, ya la teníamos.
      –Si no fuera la madre...
      No dijo más que eso.
      Quién sabe. Tal vez Ernesto se enteró, pues durante aquel verano sólo lo vimos una o dos veces (más tarde, según dicen, el padre vendió todo y nadie volvió a hablar de ellos), y, las pocas veces que lo vimos, costaba trabajo mirarlo de frente.
      –Culpables de qué, che. Al fin de cuentas es una mujer de la vida, y hace tres meses que está en el Alabama. Y si esperamos que el turco traiga otra, nos vamos a morir de viejos.
      Después, él, Julio, agregaba que sólo era necesario conseguir un auto, ir, pagar y después me cuentan, y que si no nos animábamos a acompañarlo se buscaba alguno que no fuera tan braguetón, y Aníbal y yo no íbamos a dejar que nos dijera eso.
      –Pero es la madre.
      –La madre. ¿A qué llamás madre vos?: una chancha también pare chanchitos.
      –Y se los come.
      –Claro que se los come. ¿Y entonces?
      –Y eso qué tiene que ver. Ernesto se crió con nosotros.
      Yo dije algo acerca de las veces que habíamos jugado juntos; después me quedé pensando, y alguien, en voz alta, formuló exactamente lo que yo estaba pensando. Tal vez fui yo:
      –Se acuerdan cómo era.
      Claro que nos acordábamos, hacía tres meses que nos veníamos acordando. Era morena y amplia; no tenía nada de maternal.
      –Y además ya fue medio pueblo. Los únicos somos nosotros.
      Nosotros: los únicos. El argumento tenía la fuerza de una provocación, y también era una provocación que ella hubiese vuelto. Y entonces, puercamente, todo parecía más fácil. Hoy creo –quién sabe– que, de haberse tratado de una mujer cualquiera, acaso ni habríamos pensado seriamente en ir. Quién sabe. Daba un poco de miedo decirlo, pero, en secreto, ayudábamos a Julio para que nos convenciera; porque lo equívoco, lo inconfesable, lo monstruosamente atractivo de todo eso, era, tal vez, que se trataba de la madre de uno de nosotros.
      –No digas porquerías, querés -me dijo Aníbal.
      Una semana más tarde, Julio aseguró que esa misma noche conseguiría el automóvil. Aníbal y yo lo esperábamos en el bulevar.
      –No se lo deben de haber prestado.
      –A lo mejor se echó atrás.
      Lo dije como con desprecio, me acuerdo perfectamente. Sin embargo fue una especie de plegaria: a lo mejor se echó atrás. Aníbal tenía la voz extraña, voz de indiferencia:
      –No lo voy a esperar toda la noche; si dentro de diez minutos no viene, yo me voy.
      –¿Cómo será ahora?
      –Quién... ¿la tipa?
      Estuvo a punto de decir: la madre. Se lo noté en la cara. Dijo la tipa. Diez minutos son largos, y entonces cuesta trabajo olvidarse de cuando íbamos a jugar con Ernesto, y ella, la mujer morena y amplia, nos preguntaba si queríamos quedarnos a tomar la leche. La mujer morena. Amplia.
      –Esto es una asquerosidad, che.
      –Tenés miedo – dije yo.
      –Miedo no; otra cosa.
      Me encogí de hombros:
      –Por lo general, todas éstas tienen hijos. Madre de alguno iba a ser.
      –No es lo mismo. A Ernesto lo conocemos.
      Dije que eso no era lo peor. Diez minutos. Lo peor era que ella nos conocía a nosotros, y que nos iba a mirar. Sí. No sé por qué, pero yo estaba convencido de una cosa: cuando ella nos mirase iba a pasar algo.
      Aníbal tenía cara de asustado ahora, y diez minutos son largos: Preguntó:
      –¿Y si nos echa?
      Iba a contestarle cuando se me hizo un nudo en el estómago: por la calle principal venía el estruendo de un coche con el escape libre.
      –Es Julio –dijimos a dúo.
      El auto tomó una curva prepotente. Todo en él era prepotente: el buscahuellas, el escape. Infundía ánimos. La botella que trajo también infundía ánimos.
      –Se la robé a mi viejo.
      Le brillaban los ojos. A Aníbal y a mí, después de los primeros tragos, también nos brillaban los ojos. Tomamos por la Calle de los Paraísos, en dirección al paso a nivel. A ella también le brillaban los ojos cuando éramos chicos, o, quizá, ahora me parecía que se los había visto brillar. Y se pintaba, se pintaba mucho. La boca, sobre todo.
      –Fumaba, ¿te acordás?
      Todos estábamos pensando lo mismo, pues esto último no lo había dicho yo, sino Aníbal; lo que yo dije fue que sí, que me acordaba, y agregué que por algo se empieza.
      –¿Cuánto falta?
      –Diez minutos.
      Y los diez minutos volvieron a ser largos; pero ahora eran largos exactamente al revés. No sé. Acaso era porque yo me acordaba, todos nos acordábamos, de aquella tarde cuando ella estaba limpiando el piso, y era verano, y el escote al agacharse se le separó del cuerpo, y nosotros nos habíamos codeado.
      Julio apretó el acelerador.
      –Al fin de cuentas, es un castigo –tu voz, Aníbal, no era convincente–: una venganza en nombre de Ernesto, para que no sea atorranta.
      –¡Qué castigo ni castigo!
      Alguien, creo que fui yo, dijo una obscenidad bestial. Claro que fui yo. Los tres nos reímos a carcajadas y Julio aceleró más.
      –¿Y si nos hace echar?
      –¡Estás mal de la cabeza vos! ¡En cuanto se haga la estrecha lo hablo al turco, o armo un escándalo que les cierran el boliche por desconsideración con la clientela!
      A esa hora no había mucha gente en el bar: algún viajante y dos o tres camioneros. Del pueblo, nadie. Y, vaya a saber por qué, esto último me hizo sentir audaz. Impune. Le guiñé el ojo a la rubiecita que estaba detrás del mostrador; Julio, mientras tanto, hablaba con el turco. El turco nos miró como si nos estudiara, y por la cara desafiante que puso Aníbal me di cuenta de que él también se sentía audaz. El turco le dijo a la rubiecita:
      –Llevalos arriba.
      La rubiecita subiendo los escalones: me acuerdo de sus piernas. Y de cómo movía las caderas al subir. También me acuerdo de que le dije una indecencia, y que la chica me contestó con otra, cosa que (tal vez por el coñac que tomamos en el coche, o por la ginebra del mostrador nos causó mucha gracia. Después estábamos en una sala pulcra, impersonal, casi recogida, en la que había una mesa pequeña: la salita de espera de un dentista. Pensé a ver si nos sacan una muela. Se lo dije a los otros:
      –A ver si nos sacan una muela.
      Era imposible aguantar la risa, pero tratábamos de no hacer ruido. Las cosas se decían en voz muy baja.
      –Como en misa – dijo Julio, y a todos volvió a parecernos notablemente divertido; sin embargo, nada fue tan gracioso como cuando Aníbal, tapándose la boca y con una especie de resoplido, agregó:
      –¡Mirá si en una de ésas sale el cura de adentro!
      Me dolía el estómago y tenía la garganta seca. De la risa, creo. Pero de pronto nos quedamos serios. El que estaba adentro salió. Era un hombre bajo, rechoncho; tenía aspecto de cerdito. Un cerdito satisfecho. Señalando con la cabeza hacia la habitación, hizo un gesto: se mordió el labio y puso los ojos en blanco.
      Después, mientras se oían los pasos del hombre que bajaba, Julio pregunto:
      –¿Quién pasa?
      Nos miramos. Hasta ese momento no se me había ocurrido, o no había dejado que se me ocurriese, que íbamos a estar solos, separados –eso: separados- delante de ella. Me encogí de hombros.
      –Qué sé yo. Cualquiera.
      Por la puerta a medio abrir se oía el ruido del agua saliendo de una canilla. Lavatorio. Después, un silencio y una luz que nos dio en la cara; la puerta acababa de abrirse del todo. Ahí estaba ella. Nos quedamos mirándola, fascinados. El deshabillé entreabierto y la tarde de aquel verano, antes, cuando todavía era la madre de Ernesto y el vestido se le separó del cuerpo y nos decía si queríamos quedarnos a tomar la leche. Sólo que la mujer era rubia ahora. Rubia y amplia. Sonreía con una sonrisa profesional; una sonrisa vagamente infame.
      
–¿Bueno?
      Su voz, inesperada, me sobresaltó: era la misma. Algo, sin embargo, había cambiado en ella, en la voz. La mujer volvió a sonreír y repitió "bueno", y era como una orden; una orden pegajosa y caliente. Tal vez fue por eso que, los tres juntos, nos pusimos de pie. Su deshabillé, me acuerdo, era oscuro, casi traslúcido.
      –Voy yo –murmuró Julio, y se adelantó, resuelto.
      Alcanzó a dar dos pasos: nada más que dos. Porque ella entonces nos miró de lleno, y él, de golpe, se detuvo. Se detuvo quién sabe por qué: de miedo, o de vergüenza tal vez, o de asco. Y ahí se terminó todo. Porque ella nos miraba y yo sabía que, cuando nos mirase, iba a pasar algo. Los tres nos habíamos quedado inmóviles, clavados en el piso; y al vernos así, titubeantes, vaya a saber con que caras, el rostro de ella se fue transfigurando lenta, gradualmente, hasta adquirir una expresión extraña y terrible. Sí. Porque al principio, durante unos segundos, fue perplejidad o incomprensión. Después no. Después pareció haber entendido oscuramente algo, y nos miró con miedo, desgarrada, interrogante. Entonces lo dijo. Dijo si le había pasado algo a él, a Ernesto.
      Cerrándose el deshabillé lo dijo.

miércoles, 28 de abril de 2010

aviso de la redaccion

ante preguntas elevadas a la direccion de este blog dejamos expresa constancia de que la sirena no es la firmante, que las sirenas no existen, son seres miticos y como tales inexistentes, por lo que la casa declina cualquier responsabilidad sobre los decires aqui vertidos, porque habiendo escalera, la propietaria no se responsabiliza por el uso del ascensor.
Y en cuanto a los amores perros de la sirena, no sabemos de que perro se trata, puesto que cuando ibamos a hacerle el pedigri,el perro se fue.
ponga en la planilla "no sabe, no contesta" y ya esta.

Clases Particulares, por la Doctora Ivonne.

La doctora Ivonne es especialista en mal de amores. Pero hoy escribio un cuento para la seccion cuentos eroticos escritos por mujeres que no escriben cuentos eroticos, y en el mismo acto se hizo acreedora de un diploma virtual,que un dia de estos voy a diseñar.
Le agradecemos la deferencia, y este cuento viene con moraleja y debe ser un alerta "oid, profesores de panza incipiente, nunca penseis que una pendeja turra no os puede dejar de garpe"
va cuento, agradeciendo la gentileza de la autora, que encima deja en la ficcion nota de la veracidad de lo sucedido.



Lo que les voy a contar sucedió de verdad. Me sucedió a mí cuando tenía 18 años. Yo era una turra para las matemáticas y mi madre, en un intento de que no me fuera a examen en enero me mandó a un profesor particular. Allá fui, sin ganas por supuesto, no conocía nada más tedioso que las clases particulares, pero allá fui y me encontré cara a cara con el profesor.



Era un tipo panzón, con barba incipiente, ojos marrones y grandes, entradas no muy pronunciadas pero sí, pronunciadas. Me miró de pies a cabeza y en ese mismo instante, ese mismo segundo, (perdón por el lugar común, pero fue así) supe que algo no precisamente relacionado con las matemáticas iba a pasar entre él y yo.



Pero bueno, me senté en una mesa opuesta a la de él y con mi desfachatez propia de la edad y propia de mi personalidad, le dije que no entendía nada. El hombre se esforzaba por explicarme. Me miraba y se reía y puedo dejar sentado, les puedo garantizar que esa sonrisa, esa expresión en la boca, en los ojos, en la cara, no se me va a olvidar nunca porque ¡cómo me gustaba! Sí, era un vejete, sí era barrigón, sí, sí. Era todo eso, y encima, digámoslo bien bajito, y que quede entre nosotros, era como 25 años mayor que yo.

No pretendo que nadie me entienda, pero lo que me perturbaba, lo que me hacía temblar era su mirada libidinosa, el vigor con el que sus ojos inteligentes se posaban en mi cuerpo, pero sobre todo en mi sonrisa y en mi alegría fácil de chica irresponsable y con mucha curiosidad por conocer cosas nuevas en el terreno sexual. Me atraían sus manos grandes, su gusto por mí, las fantasías que yo fantaseaba y que él tan hábilmente, como un gourmet, se encargaba de poner en mi cabeza, sin decir ni una palabra. Hoy me doy cuenta de que no hay nada más erótico que la inteligencia de un hombre maduro.



No vayan a creer que hicimos el amor. No vayan a creer que en algún momento de alguna de esas tardes él se llegó a bajar el pantalón. No.



Pero una tarde, una especialmente calurosa y larga, sonaba la radio de fondo, y yo estaba más atrevida que de costumbre. Me sentía a mis anchas para hacer lo que quisiera y aunque hoy que soy madre y muy prudente me cuesta entenderlo, estaba deseosa de que pasara algo. Secretamente me excitaba pensar que ese hombre gordo y algo viejo para mí, pudiera disfrutar aunque sea un poco de mi cuerpo joven.



Aquella tarde decía, me senté contra la pared, en un lugar poco iluminado. El salón era mediano. En un momento, me levanté de la silla, fui hasta la puerta y la cerré. Recuerdo que cuando me paré, el profesor contuvo la respiración. Se puso un poco nervioso, o quizás estaba excitado. O las dos cosas. Pero eso me hizo sentirme más a mis anchas todavía.



Cuando volvía a mi asiento le pedí a él que se acercara. No tuve que hacer mucho más, todo lo que pasó después fue natural, tan natural como cuando hacés algo que tenés muchas ganas de hacer. El cuerpo no miente.



El profesor me abrió los botones de la camisa y empezó a chuparme los pezones. Nunca me besó en la boca. Después me levantó la pollera, me bajó la bombacha y me empezó a lamer. Lo hizo durante largo rato. De tanto en tanto, se incorporaba para mirarme a la cara.



En ningún momento quiso ir más allá de eso, nunca amagó a desabrocharse el pantalón, por ejemplo. Sólo una vez me pidió algo, me pidió que gimiera más alto. Hablaba poco, lo mínimo indispensable.



Un poco repentinamente, la tarde se transformó en nochecita y cuando el profesor de se levantó para prender una lámpara de pie, empecé a sentir vergüenza. Entonces le dije que había llegado la hora de marcharme. Él me despidió simpático como siempre y me preguntó si volvería. Le dije que sí, pero no volví. Cuando mi madre me preguntó le contesté que yo seguía sin entender nada de matemáticas y que, ese profesor, tampoco era bueno enseñando.

siempre que lloró, parió

nosotras somos aficionadas, no intentamos disimularlo. Madres de familia, chicas de escuela publica,
¿a quien jodemos? A nadie digo yo, y si no, que dios y la patria me lo demanden. Pero hoy vi el blog de un nuevo seguidor. Un premio de periodismo, joder hombre, que hace por aca. Y le chusmié el blog y parece que es un coso especialista en erotica. Menos mal que esta cruzando las grandes aguas que si no, me daria miedo.
La cuestion es que le agradecí venir al sirena (hay que ser agradecida), lo invite a presentar cuentos (chicas, que me hacen que no me postean cuento y hay que pedirle a los gallegos???) y le afane, previo aviso, porque el que avisa no traiciona esta hermosa foto, que deberia llamarse en chirla cerrada no entran sufrimientos. O algo asi. Espero no ofender a nadie, porque con la verdá no ofendo ni temo.

DESEARIA QUE ESTUVIERAS AQUI.

para llevarte a esos rincones de la ciudad donde es posible ver que todo se pone amarillo y rojo y hacerte pisar  las hojas tratando de hacer crujidos parecido al fuego.Para que me veas irme en el  el colectivo mientras soplo el vidrio empañado y dibujo monigotes obsenos con el dedo simplemente para que te rias.
Me gustaria que estuvieras aqui por que si vos estas aca el dia se transforma en uno de esos dias en que me olvido de quien soy y soy quien fui Me gustaria que estuvieras aqui para tomar juntos cafe etiope que tiene mas cuerpo que el colombiano y ver pasar la gente atras del vidrio del bar.Y hasta seria hermoso que lloviera con sol, asi se casaria un zorro como en las peliculas de Kurosawa.  Me gustaria que estuvieras aqui porque hoy siento que estoy entera, de pie, alta, refulgente como una madona, que,  inclusive tengo un aura dorada con rayos de tan poderosa,  pero al mismo tiempo me siento  blanda, amigable, calida,sana ,lo mas parecido que hay a   esas masas que moldean los chicos, `para que hagas conmigo hermosas porquerias de masa de moldear, y si estuvieras aqui y miraras con ojos que ven lo bueno verias que tengo colores que hacen que no me pierda en la monotona mediania de los pasillos de edificios publicos que no nos van a conducir a ningun sueño, nunca.
Los dias en que la ciudad esta bella porque el otoño la hermosea con hojas con crujir de llamaradas y tomo cafe etiope y estoy entera y caliente, vestida de colores desearia que estuvieras aqui  para hacerte el bien.

martes, 27 de abril de 2010

laura y los negros de mierda.

A proposito de un youtube de capusotto satirizando sobre lo triste que son los troskos y la izquierda vernacula en general (que habla mucho y culea poco, asi dicen, yo no se, soy una mujer casada y fuera de servicio tal como los asensores jodidos) Laura contaba que hace poco fue a una fiesta peroncha, organizada por los autodenominados Negros de Mierda (que para mi son zurdos ironicos) donde un cartel luminoso decia "Aca si se coge".
Mas alla de que yo piense que es una fanfarronada, y que la conducta no esta a la altura de la propuesta,  me habia encantado la invitacion. Fui buscando en el youtube y finalmente la encontre. Una pieza de humor muy fina, sobre significantes peronistas. Solo pueden gustar de eso si se toma distancia. Pura trampa...

afectos verdaderos.

la sirena tiene casi  500 post.entre este blog  y el oficial. Es una bloger  veterana, ha pasado mucho tiempo boludeando frente a la pantalla. Ayer fue a almorzar con unas amigas, a saber una psicologa, una cosmetologa y una periodista.Todas gente grande como ella.
Tuvo que defender el topico "los afectos que se curten en internet son verdaderos" frente a la incredulidad y el ninguneo del trio de escepticas, que (entre parentesis) a esta altura  creen que el amor  es un cuento chino. Mujeres que hablan de tipos como objetos garchables. La sirena es (por si uds. no lo advirtieron) una mujer que si cree en el amor, porque como cantaba Juan Carlos Torry en una vieja pelicula del cuarenta que la sirena vio de infante en la television "la mujer que al amor no se asoma, no merece llamarse mujer" o por lo menos, se pierde de hacer con la tripa, o con la chirla, algo que merezca la pena de ser recordado en los dias del invierno de la vida (notengomiedoalinviernoconturecuerdollenodesol)
La verdad es que es dificil de  defender la cosa de los afectos verdaderos generados por fuera de la carne presente ante infieles y descreidos. Creen que la cosa va de divertimento light.(no saben las veces que se me ha caido una lagrima frente al cristal liquido de esta moderna pantalla, las veces que he tenido una orgasmica sonrisa de monalisa, las veces que me he reidoa carcajadas)
Que sabe nadie.
Al menos, yo soy una creyente.
You, you may say I'm a dreamer. But I'm not the only one ...

sábado, 24 de abril de 2010

UNA CANCION INOXIDABLE.

David Gilmour, al igual que esta servidora, resiste. Quisiera que estuvieras aqui, la cancion de pink floyd
DE AQUELLOS FUEGOS, ESTAS BRASAS.

un tipo frio, seco, de derechas, un nabo con las emociones, un boludazo que olia las enaguas de su madre.

escribia estas cosas. Otra que Idea Villarino.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?

(Jorge Luis Borges, Ausencia, Fervor de Buenos Aires, 1923)
(es que el amor -con sus magias inutiles- hace estas cosas con la tripa)

viernes, 23 de abril de 2010

concurso de cuentos eroticos sirenas ahogadas en vodka.

ACA, LA DOCTORA IVONNE ME PREGUNTO POR MI OLVIDADO CONCURSO DE CUENTOS EROTICOS ESCRITOS POR PERSONAS QUE NO ESCRIBEN CUENTOS EROTICOS.
TENEMOS CINCO O ALGO ASI.
ASI QUE CONVOCO A LAS ALMAS EXTRAVIADAS NUEVAMENTE A MANDAR SUS SUCIAS PRODUCCIONES (No se aceptan asuntos con animales, muertos o objetos de uso diario,bah, esto ultimo puede ser si se justifica artisticamente)
Y ahora arriesgo premio. El mejor cuento se llevara un diplomita virtual. Porque si yo participe en el nanowrimo, (que era para escribir 50000 palabras en un mes, concurso mundial, con sponsor y todo) y me dieron un puto diploma, por que sirenas si da diplomas seria berreta eh? eh=
Doctora Ivonne, Musidora, Mundo Aquilante y todas las chicas y por que no varones extraviados (por falta de quorum ampliamos la convocatoria) envien a sirenasahogadasenmijo@gmail.com su texto erotico y podran ganar un hermoso diploma virtual y yo salir de estos posteos melanco que me roen el alma.

jueves, 22 de abril de 2010

estar sola

Mili se sento en el bar, pidio un te verde. No habia. Pidio entonces una coca light y extrañó la presencia del tipo
El tipo daba vueltas pero a la final siempre la bardeaba, la usaba, la denigraba
No la queria ni un poco, pero ella trataba de no darse cuenta.
Al final de la relacion, solo tenia pena por si misma.
Le trajeron la coca light y levanto los ojos llorosos. La vida sin el tipo era dificil de imaginar.
Una buena vida, quiza.
Hay que aprender a estar sola.
Mili recita para adentro un poema cubano, de Nicolas Guillen

La palma que está en el patio
nació sola;
creció sin que yo la viera,
creció sola;
bajo la luna y el sol,
vive sola.

Con su largo cuerpo fijo,
palma sola;
sola en el patio sellado,
siempre sola,
guardián del atardecer,
sueña sola.

La palma sola soñando,
palma sola,
que va libre por el viento,
libre y sola,
suelta de raíz y tierra,
suelta y sola,
cazadora de las nubes,
palma sola,
palma sola,
palma

miércoles, 21 de abril de 2010

ando con la cuestion de las palabras,

y por eso encuentro solo surrealistas.
Uno, Pellegrini, hizo esto. Es surrealista y es de amor. Y hoy estoy asi, surrealista y con ganas de escuchar cosas de amor. Ya se me va a pasar.
    La certidumbre de existir 
                                por Aldo Pellegrini
 
Si
lo he visto todo
todo lo que no existe destruir lo que existe
la espera arrasa la tierra como un nuevo diluvio
el día sangra
unos ojos azules recogen el viento para mirar
y olas enloquecidas llegan hasta la orilla del país silencioso
donde los hombres sin memoria
se afanan por perderlo todo
 
En una calle de apretado silencio transcurre el asombro
todo retrocede hasta un limite inalcanzable para el deseo
 
pero tu y yo existimos
 
tu cuerpo y el mío se adelantan y aproximan
y aunque nunca se toquen aunque un inmenso vacío los
separe
tu y yo existimos

como venia con la cuestion del significante.


o sea de como el sonido de la palabra se ata con un nudo corredizo, labil, al significado, o como una palabra cualquiera puede querer decir cualquier cosa o algo que no significa nada puede tener un significado claro y distinto o eso. El malentendido, porque yo te digo "te quiero" y vos decis ¿que quiere decir con eso? Y te digo mala pecora y vos te reis, y ¿es en serio o no? y a menudo ni siquiera yo se quiero decir, lo maravilloso del lenguaje humano es que no es inequivoco, y solo sé que cuando me voy a morir dire agua y mama y poco mas, mientras me hundo en la muerte,que como dice juan forn, es nadar de noche,(la muerte es nadar de noche) y quiza sea hermoso dejarse llevar por el oleaje, otra que petit morte, la Gran Noche y he aqui el lenguaje que llena ese agujero con palabras que son como redes, con gestos repetidos y lo llena con pasiones y no se por que si yo queria hablar del signo linguistico termine hablando de nadar de noche y tal vez porque la muerte está hablamos y tenia razon hernan que decia que yo era la Emo sabia, por no decirme, pendejo de mierda, que era una vieja melancolica y ja.
No tiene mucho que ver con lo anterior, pero era el destino de este post, colgar lumia. Sexo en los significantes vacios o tal vez llenos de significados.LUMIA, de este pibe que promete, Oliverio Girondo

Mi Lu
mi lubidulia
mi golocidalove
mi lu tan luz tan tu que me enlucielabisma
y descentratelura
y venusafrodea
y me nirvana el suyo la crucis los desalmes
con sus melimeleos
sus eropsiquisedas sus decúbitos lianas y dermiferios limbos y
gormullos
mi lu
mi luar
mi mito
demonoave dea rosa
mi pez hada
mi luvisita nimia
mi lubísnea
mi lu más lar
más lampo
mi pulpa lu de vértigo de galaxias de semen de misterio
mi lubella lusola
mi total lu plevida
mi toda lu
lumía.

domingo, 18 de abril de 2010

vino una de las blogueras no eroticas y me dejo este iutub que es erotico, pero a mi me da risa.

http://www.youtube.com/watch?v=_9dHSrkGbxs&feature=player_embedded#!

Asi que erotico o no, lo colgamos, porque la amiga L. penso en el sirenas.
A mi el acento gallego, mmnnn, no me va.......... Me parece que es un iutub para varones, porque solo me da risa. No consigue el efecto cachondo al que esta destinado su factura.
Es como si fueras a ver una de llorar, pero no te da de llorar.

Ud. saben, la petit morte es el orgasmo Por eso nosotros tenemos la palabra bien puesta "acabar".
Pero aca se les va la mano, hay una fanfarronada, ¿ perder la conciencia, vamos amiga???!!! que no es para tanto. Me daria miedo eso,¿ eh???
Caerse en un pozo, firmo
Gustarte tanto que duele, o dolerte tanto que te gusta, adhiero a la solicitada
Como un vacio que te da vuelta como un guante, podria ser...
Perder la conciencia....... no, demasiado, es una zocarroneria.
No se, por ahi si le pones amor, ausencia, abstinencia, que se yo. No se. Pequeña muerte.(ahora que me acuerdo hay un texto de galeano, sobre ese decir. Lo fui a buscar. Aca está
La pequeña muerte (Eduardo Galeano)


No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su
viaje,
a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto,
nos
arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea
jubiloso
dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque
nacer
es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en
Francia a la
culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y
perdiéndonos
nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña
muerte, la llaman;
pero grande , muy grande ha de ser, si matándonos nos
nace.
El iutub tiene una cosa grafica hermosa, yo le sacaria la voz de la gallega y haria la version masculina (no yo, por supuesto) . Por ahi podria andar. Para que? Y bueno, que se yo.
Es que la pequeña muerte no es el orgasmo, la pequeña muerte es el amor.

sábado, 17 de abril de 2010

un link

en este blog un tipo le quiere dejar en herencia 
su saber sobre las mujeres a las generaciones por venir.
Es un texto machista, no pretende no serlo, pero tiene cierta ternura y reconocimiento que nos hace sentir un poco menos mal a las sirenas ahogadas en vodka que pululan en este valle de lagrimas.
Por supuesto que las mujeres no somos todas iguales, como ahi se insinua. Pero yo lo tomo como si hablara de mi, total que me importa.

viernes, 16 de abril de 2010

jitajanforas.

hubo un tipo que yo me se.
Y era uruguayo y murio (se mato)el año que yo naci.
Y como Cesar Bruto, como los chicos, como Oliverio, como tantos, gustaba de los juegos de palabras. Porque no hay nada mas divertido que usar las palabras para hacer del malentendido una broma.
JITAJANFORAS, se llamaban esas hermosas palabras luminosas como soles verdaderos,explotando de sentido, como coladas de arrabio, dejando luces y astillas.

Va un cacho del Gusano Loco, de Wimpi, el yorugua que murio el año que yo naci.
Jitanjáforas. Lo que dice de los locos es verdad, se les rompe el vinculo inestable que ata significado y significante, y asi revientan las palabras, buscando su sentido. A veces, a nosotros nos pasa lo mismo.


WIMPI: El gusano loco, Buenos Aires, Borocaba, 1953.


Los psiquiatras prudentes no se atreven, ya, a marcar el límite que separa la supuesta locura de la -desde luego que también supuesta- cordura de los hombres.
Y bien: los locos inventan palabras[i].
El doctor Enrique Mouchet[ii] le oyó decir a una paciente cosas como: señoritas periodicasténicas, dentistas astojacménicas, leyes calusticias.
El doctor Emilio Mira y López[iii] asistió a la confesión de otros demorados en el sentido de que tenían ideas trasmetalizadas y eterimagnetocolubrizadas por el estado helicoidal. Hubo los que afirmaban que eran hidústicos, relipetánicos, carjovéticos o simpulíneos. Otros, aún, se han sentido mixinetizados, teorquizados y veían estrumigencias.
A propósito de estas perturbaciones del lenguaje en la esquizofrenia dicen los psiquiatras que “el sujeto nos produce la impresión de que no siente lo que dice o no dice lo que siente”.
Pero es justo reconocer que esa impresión no sólo se recibe oyendo hablar a esquizofrénicos declarados…
De pronto el tipo normal hablando con palabras normales a las que el uso o las Academias les asignaron un significado, no dice absolutamente nada o dice lo contrario de lo que piensa o dice, aun, lo que nunca habría querido decir.
Entonces ¿qué se gana con que quieran decir algo las palabras?
Además, en el mejor de los casos, siempre se dice lo mismo: “el lechón de noche es pesado”, “ya vendrán tiempos mejores”, “no somos nada”…
El tipo adulto y normal no demuestra la necesidad de decir otras cosas.
En cambio el esquizofrénico, con su regreso al estado del criterio mágico, dispone de asociaciones insólitas y -¿por qué no?- bien pudiera ser que aunque no se produjera, paralelamente, en él, un descuartizamiento del pensamiento lógico, lo mismo necesitara palabras inexistentes para expresar estados o percepciones que no tuvieran precedentes en la historia mental del tipo sano.
También el niño, que está más cerca de lo mágico inventa palabras[iv].
En el terreno poético -el único en que se registra alguna tentativa más o menos honorable de meterle una cuña al horizonte que se aplasta contra el suelo de las horas y levantarlo para contemplar el día 367- no hay ninguna necesidad de entender lo que se dice para desentrañar su sentido.
Dijo Paul Eluard: El cisne de mi sangre se ha comido todas las grosellas del mundo.
Y Federico García Lorca:
Verde que te quiero verde
verde viento. Verdes ramas,
el barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Y si se dijera:
Pachilitama lifina
Cocaringo muningón.
Titocurrita tatina,
Papacota bilondina
¡chacharrá colingundina!
Lumitón.
¿No sería lo mismo?
¿No podría ser esa una solución en tanto que cuando se oye conversar a dos personas tiéntase, quienquiera que atienda, a suponer que con la palabra -signo arbitrario y convencional le llamó Whitney- y, particularmente, con las palabras a las que se les acordó una acepción, ya no puede decirse nada?
- Hola, ¿qué tal?
- Acá andamos. Ya lo ve. ¿Por allá?
- Más o menos. Hoy bien, mañana regular. Pero, nos defendemos.
- Bueno, mientras haya salud. Lo principal es la salud.
- Ah, seguro. Salud hay una sola y una vez que se pierde no se puede comprar
con plata.
- Por eso le estoy diciendo.
Uno de ellos se acomoda el diario debajo del brazo. El otro se tira para abajo las puntas del chaleco y hace una pequeña flexión para desincrustarse el pantalón de la entrepierna.
- Parece que se asentó el tiempo, ¿no?
- Hasta que no cambie el viento, no crea. Ahora, si cambia el viento, sí. Pero yo,
a mí, mire, no habiendo humedad ¿no es cierto? Yo soy una persona que, a mí, la humedad me voltea.
- Sí, claro. La humedad es lo que tiene.
- Por eso le digo.
Y cuando regresan a sus respectivas casas, los dos dicen lo mismo en la mesa: “Hoy me encontré con fulano. Charlamos como una hora de un mundo de cosas”.
Es preferible creer que el tipo cuando habla no dice nada -con lo cual sólo se admite la inocuidad de las palabras actuales- que creer que algo se dice al hablar y el tipo no entiende, junto a lo cual habría que admitir una involución hacia el estadio de la bestialidad en el que todavía no se habían inventado las palabras.
Las jitanjáforas podrían constituir un ensayo de solución todavía inédito.
Fue Alfonso Reyes[v] quien bautizó con el nombre de jitanjáforas a las palabras que no quieren decir nada.
Cita, el ilustre mexicano, unos versos que decía, siendo niño, y cada vez que se enojaba, el poeta Miguel Ángel Osorio -que también se llamó Ricardo Arenales o Porfirio Barba Jacob:

La galindijóndi júndi
la járdi, jándi, jafó,
la farajíja jíja
la farajíja fo.
Yáso déigo, déiste, húndio,
dónei sopo don comiso,
¡Samalesita!

Revela el autor su impresión de que estos versos debieron ejercer determinante influencia en el poeta Mariano Brull quien, y para que los recitasen sus hijas cuando iban visitas a la casa, componía otros como éstos:

Filifama alabe cúndre
ala olalúnea alífera
alveoléa jitanjáfora
liris, salumba, salífera.

Olivia oleo olorife
alalái cánfora sandra
milingítala girófara
zumbra ulalíndre calandra.

Al conocer esa producción, Alfonso Reyes eligió, de entre las otras de tal estrofa, la palabra jitanjáfora, y le puso Jitanjáforas de sobrenombre a las hijas declamadoras de Mariano Brull, para luego, a manera de homenaje, extender la designación de jitanjáforas a todas las palabras con que el poeta componía sus versos.
Por no atreverse a llevar a fondo su reforma -una de las más alentadoras de las registradas en estos últimos milenios- los surrealistas se vieron limitados a decir, como Benjamín Peret: “Los elefantes son contagiosos”, “Aplastemos dos adoquines con la misma mosca”, “Hay que pegarle a la madre mientras es joven”[vi].
O como Najda, la mujer de André Bretón: “La garra del león aprieta el corazón de la viña”.
Teniendo en cuenta que se ha llegado a una altura del desentendimiento en la que nadie pone, ya, atención en lo que va a decir el otro porque calcula, de antemano, que no le convendrá entenderlo, cabe reconocer que la jitanjáfora sería por lo menos una novedad.
¡Qué alivio se experimentaría diciéndole al semejante “Fucunimbú mamicordión pipotín. ¿Bichauquera? ¡Peñute!
¿Qué quiere decir mamicordión? ¿Qué quiere decir peñute?
Todavía no se sabe.
Pero ya llegará el día en que al salir el tipo a la calle de mañana se la encuentre llena de peñutes y de mamicordiones. Y hasta de jolijántoros.
Más vale que no se deje agarrar desprevenido.
Y, después de todo, decir lo que todavía no quiere decir nada, es aprovechar a decir decentemente aquello que, cuando quiera decir algo, ¡quién sabe para decir qué van a decirlo!

[i] Se la llama jargonofasia a esta facultad.
[ii] “Psicopatología del pensamiento hablado”. Ed. Médico Quirúrgica. Buenos Aires, 1945.
[iii] “Psiquiatría”. Ed. Salvat. Barcelona, 1935.
[iv] Entre muchas otras cosas está aquello de: la vieja / viruela / de picopicotueja / de pomponirá.
[v] “La Experiencia Literaria”. Losada, Buenos Aires, 1942.
[vi] 152 Proverbes mis au gout du jour”.

Trabalenguas infantiles, el significante suelto de aqui para alla, amor por el sinsentido.

¿Qué hablas? Palabras.
¿Qué dices? Perdices.
¿Qué comes? Melones.
Si hablas, si comes, si dices,
tus palabras se harán melones
y tus melones perdices.

Una vieja muy revieja,
más vieja que la morería
cuando alguien le decía vieja
soler siempre respondía:
«Soy vieja y muy revieja,
y más vieja cada día,
pero has de saber que esta vieja
sabe, más y más, cada día».

Goza con gula la mula
de tanto tragar tragona,
traga trigo, tripas, tropas,
trufas, trapos, postres, sopas



¿Queres un vaso de vino
que en el borde tenga babas,
mocos, pelos, uñas larvas
y grasilla de tocino?
¿Quieres aún ese vino?

Yo lloro si lloras,
si lloras yo lloro,
tu llanto es mi llanto,
tu llanto es mi lloro,
si tú ya no lloras,
tampoco yo lloro



Si verte fuera la muerte
y no verte tener vida,
prefiero la muerte y verte,
que no verte y tener vida.






Los cojines del Obispo,
los cajones del Alcalde,
¡qué cojines, qué cajones,
los cojines del Obispo,
los cajones del Alcalde!

Responder a las preguntas
sin conocer la respuesta
arriesgado te resulta
y podrás perder la apuesta.
Apuesta por la postura
más atinada y contesta:
«Sólo sé que no sé nada»,
como el gran sabio de Grecia.



Tres tristes trapecistas,
con tres trapos troceados,
hacen trampas truculentas,
porque suben al trapecio
con trapos y no con cuerdas.



No me mires, que miran que nos miramos. Miremos la manera de no mirarnos.
Mira: no nos miremos y cuando no nos miren, nos miraremos.

jueves, 15 de abril de 2010

Jorge Asis,Un cuento canalla de un tipo canalla que escribe finos cuentos argentinos.

LA INVITACIÓN

a Edmundo Eichelbaum

Predispuesto, Marinelli caminaba por Callao; elegante, había bajado del subte en Congreso, en blanco, con absolutamente nada en la cabeza, contento por haberse escapado de Alabama, mejor dicho contento por haber dejado con las ganas al Profesor Acuña, ganas de proseguir indefinidamente discutiendo acerca de la cosmogonía, la frivolidad, el peronismo, la masonería y el tango. Marinelli recordaba el triunfo de la noche anterior, en Alabama: el Profesor Acuña se había ido derrotado, con una bronca muy poco disimulable, interpretando sin equivocarse que su derrota provocaría una abundancia feroz de comentarios adversos. Y además lo peor. Los muchachos elegirían, en adelante, sentarse en la mesa de Marinelli.

Limpio, en blanco, trajeado, Marinelli caminaba por Callao; predispuesto, dudando si el cine, algún café, o sencillamente caminar. Era viernes, y la noche, fresca y estrellada, prometía cosas. Victorioso, caminaba con su traje negro, nuevo (bah, recién sacado de la tintorería), la corbata bordó, el chaleco, los zapatos como lagos, que le daban a su grueso bigote un aire particular, artístico. Además, como no llevaba ningún libro en la mano, se sentía vacío; como decía él: predispuesto. Sabía que en Alabama estaría esperándolo el Profesor Acuña, con graves deseos de revancha, de continuar la polémica, o armar otra. Pensaba entonces en el Profesor, ahora. Mejor, se dijo, es dejarlo calentito, deseando, así, dándole ventajas: que converse primero él con los muchachos. Cuando Marinelli llegara, lo derrotaría, otra vez; pobre Profesor, lo volvería loco, tendría que irse de Alabama, parar en otro café. Imaginaba que en esos momentos, mientras caminaba en blanco y predispuesto, el Profesor estaría hablando a los muchachos del derrocamiento de Yrigoyen, los viejos métodos de falsificación, atentados anarquistas, la década futbolística del cuarenta, la segunda guerra mundial, Perón o Braden. Pobre Profesor: hoy también lo estropearía, le saldría con otro tema, el buda, el ocultismo, protocolos de los sabios de Sión, trigonometría y yoga, petrogrifos de La Rioja o diversas noblezas europeas características del siglo XVII. Sería brillante, lúcido e irónico; triunfaría.

Había encendido un cigarrillo Marinelli; se disponía a tomar Corrientes cuando un cabecita negra desarreglado, despeinado y sucio y con zapatos rotos, lo detuvo para decirle:

—Me permite, señor.

Dio otra pitada Marinelli; lo miró fijo, a los ojos, sin responderle. Sin embargo se quedó parado, predispuesto.

—Hace dos días y medio que no como.

Siguió contemplándolo Marinelli; fumaba. Lo miró como diciéndole: y qué más. Sin embargo no le dijo nada; los ojos fijos, penetrantes a los ojos del negrito que aparentaba poco más de veinte años.

—Me daría unos pesos.

Otra pitada; le miró, ahora, desfachatadamente la bragueta; con lentitud, retornó a los ojos.

—Ando juntando plata pa comprarme un sánguche, me da.

Con la cara, Marinelli dijo que no; viajó nuevamente desde los ojos hasta la bragueta del negrito. Al volver a los ojos, contempló su rabia.

—Disculpe.

Ya miraba a otro lado el negrito; es decir, ya estaba por dirigirse resueltamente hacia otro tipo, cuando Marinelli:

—Joven.

El negrito se dio vuelta, hacia él.

—Yo no soy quién para humillarlo, dándole a usted dinero —expulsando humo Marinelli—. Pero si lo desea, puedo invitarlo a cenar. Claro, si no le incomoda.

El negrito se quedó mirándolo.

—No soy un ciudadano que acostumbra repetir las invitaciones. Si lo desea, gustoso gozaré de su amable compañía. Casualmente, iba a cenar a Pichín. No sé si a usted le agradarán las tiras de asado de Pichín. Lo que es a mí, amigo, me fascinan.

Varios comensales levantaron la cabeza del plato cuando Marinelli entró a Pichín, acompañado del cabecita negra, despeinado, roto, mientras que él con su traje, la corbata bordó, los zapatos como lagos. Y por si no bastara, ese bigotazo, desgarrador, crepitante. Los ojos de Marinelli estaban muy abiertos, como para mirarlo todo. Se ubicaron en una mesa del medio, ante las miradas.

—Como le dije, joven. A mí siempre me fascinaron las tiras de asado de Pichín. ¿Qué va a comer usted?

El negrito —Martinelli lo notó enseguida— temblaba.

—Y... un plato de fideos... con tuco.

Con la cara, Marinelli dijo que no.

—Pero cómo va a comer fideos en mi mesa. No tolero una insolencia semejante. Por favor. Pídase, no sé si le agradará... a ver, a ver.

Se fijó en la lista Marinelli.

—Arroz con mariscos pídase. Aquí sale bien, abundante.

—Bueno —y no sabía hacia dónde mirar el negrito.

Marinelli se dio vuelta para buscar al mozo.

—Mozo —aplaudió, despacito, pero para que todos sintieran.

Probablemente intrigado, el mozo se acercó.

—Si es amable, haga marchar para mi joven un arroz con mariscos. Y para mí, una tira de asado, con papas fritas, ensalada mixta, de lechuga, tomate y cebolla, ¿entendió? Y para tomar... un segundito, mozo que lo consultaré con mi joven.

El mozo se fue.

—¿Gusta del vino? —le preguntó al negrito.

—Sí.

—¿Qué prefiere tomar entonces? ¿Vino?

—Y... sí... un litro —mirando hacia cualquier costado el negrito—. Tinto —agregó, muy molesto por los penetrantes ojos de Marinelli, por su bigote.

Con la cara, Marinelli dijo que no.

—No, un litro no —moviendo los labios Marinelli, mucho—. Yo pediría una botella de tres cuartos, pero reserva, qué le parece. ¿Cuál prefiere usted?, ¿un Pont L’Évêque, algún Escorihuela?, por ejemplo podría ser un Santa Silvia. ¿O acaso un Filippini?

Nervioso, el negrito intentaba inútilmente decir que era lo mismo; esa manera de mover los labios, el bigote.

—El Santa Silvia prefiero yo. Pero no el tinto, de ninguna manera. Es... cómo decirle, vulgarote. Mejor es el rosé, ¿no le parece?

Con la cara, el negrito dijo que sí.

Mientras aguardaban, mirándolo a los ojos, Marinelli untaba manteca en un pan. Curiosos, algunos comensales contemplaban la mesa; probablemente alguno notaba los nervios del negrito, la tranquilidad trágica de Marinelli que, untando prolijamente el pan, comprendía que el negrito no soportaba más, ni sus ojos, ni su bigote, en ese instante ni sus manos que, con ostentosa finura, untaban un pan con manteca.

—Sírvase —alcanzándole el pan con manteca Marinelli—. A propósito, ¿cuál es su gracia?

—No hay de qué —temeroso, mientras llevaba el pan a su boca el negrito.

—Ja —y movió los labios, el bigote—, qué histriónico, joven mío. Anhelo con desventura saber su nombre.

—Torres —secamente el negrito, ya a punto de estallar.

A la mesa, llegó el vino; con una ancha sonrisa, mirándolo permanentemente fijo, Marinelli sirvió.

—Brindemos, señor Torres, por nuestro encuentro. Chinchín.

Bebieron; movió de nuevo los labios, por supuesto también el bigote, sonrió, abrió más los ojos.

—Mirá, viejo —cuando estalló Torres—, si yo tengo que hacerme un culo... —con cierto aire de resignación, dispuesto, pero Marinelli repentinamente lo interrumpió:

—¡Cómo dice! No puedo de ninguna manera tolerar una insolencia por el estilo. Con quién supone que está dialogando. Por quién me ha tomado —poniéndose serio Marinelli—. No esperaba una reacción semejante, imperdonable de su parte, no creo merecerla.

—Perdone, señor... es que...

—Es que nada. Es una insolencia injustificada —como un caballero honesto, herido por una deshonra.

—Perdone —repitió el negrito, justo cuando a Marinelli le traían la tira de asado, las papas fritas, la ensalada.

Comía precipitadamente ahora Marinelli, mientras que el negrito le miraba el plato, las papas, la carne, lo miraba masticar, limpiarse de cuando en cuando la boca. Parecía a punto de desmayarse el negrito. Enojado, insuperablemente serio, Marinelli no le ofreció siquiera una papa frita al negrito que, desesperado, aguardaba su arroz con mariscos que, todavía, tardaría unos minutos. Masticando, Marinelli le preguntó:

—¿Qué razón perversa ha tenido usted, señor Torres, hombre en quien deposité toda mi confianza, para pensar algo semejante respecto de mi noble persona?

—Perdone —repetía el negrito, muerto de hambre.

—No es fácil de perdonar una presunción por el estilo, señor Torres, no es fácil.

Marinelli llevaba a su boca una papa frita, tomate, lechuga, cebolla, carne y pan.

—Tchu, tchu tchu, no es fácil de perdonar —y se limpiaba la boca.

Concluyó su comida Marinelli justo cuando al negrito le traían el arroz con mariscos.

—No es fácil el perdón, de ninguna manera, no es nada fácil. Con su permiso, señor Torres, iré al baño, a llorar en silencio su falsa presunción.

Desesperadamente, el negrito comenzó a devorar su arroz con mariscos mientras Marinelli fingía dirigirse al baño; pero no, en primer lugar se dirigió hacia el teléfono público, que estaba ubicado muy cerca de la puerta. Simuló cierta impaciencia, como si no pudiera comunicarse, en el primer descuido, colgó el teléfono y abrió la puerta: salió lentamente hacia la calle, pero al cruzarla, comenzó a apurarse. Detuvo un taxi.

—Rapidísimo —ordenó al taxista Marinelli—. Hasta Rivadavia y Urquiza, al bar Alabama, no sé si lo conoce, mi amigo.

Predispuesto, mientras el taxista le decía que sí, que conocía, cómo no iba a conocer, Marinelli pensaba en el Profesor Acuña, en otro triunfo; ahora en Alabama lo reventaría.

—Qué lindo es un cigarrillo después de cenar —le comentó al taxista, después de pedirle fuego.

Con la cara, el taxista dijo que sí, y con palabras, un cigarrillo y un café.

vos no me hablas de vos (cuatro versiones corregidas). Lopedislotenes

PRIMER INTENTO


vos no me hablás de vos

Vos no estas en tu voz. Otra cosa sustituye ese decir donde te busco.. Vos, yo quisiera que nombres asi. De tu. Tu, me dices. Usted, a menudo vos me decis . No me hablàs de vos. Y es una lastima porque te escucho y me lastima tu voz que no habla de vos, donde te trato de rastrear. En los silencios estas y hablas para no estar.
Tu voz me viste de datos inutiles. No me habla de vos. Usted me dices,  tu vos que no me habla de vos.
Entonces yo entro en vos, recurro interminables pasillos buscando que de vos esta dicho en eso que es una triste baba que se pega a vos, a mi,  entre nosotros, separandonos definitivamente como plastico que revisten sillones chipendale donde nunca haremos cosas obsenas y a la vez amorosas.
Y me doy cuenta que vos no me hablas de vos.
Segunda version: la mas lograda
 





|
Te podias pasar dias enteros hablando de vos. Pero cuando te abducieron los marcianos yo temi lo peor. Te devolvieron a los tres dias, calvo, lampiño y recien bañado. Hablaste de sondas, de fluidos o tal vez liquidos verdosos, amarillentos y transparentes, del vacio del universo. Yo te decia, esta bien, Carlitos, pero ¿vos como estas? no te hagas problema  por nada, el pelo ya te va a crecer, mientras te acariciaba tu pubis pelado como el de un niño. Llego un momento en que empezaste a hablar lenguas extrañas. Mientras tomabas mate deducias la velocidad en que el asteroide 23TY iba a rotar alrededor de alfa centauro. Yo no comprendia pero te seguia cebando en silencio:Yo se entender. Pero ultimamente vos no me hablas de vos.
Yo temo que lo peor haya advenido finalmente. Empezaste a comer las ratas que cazaba nuestro perro, el colita,de  lo de Angelina. Y un dia parece que te comiste al pobre Colita.
Ademas ya no hablabas en castellano. Lo has sustituido por una lengua que suena a  polaco,como el padre del Juan que nacio en Odesa, creo y que  tambien sonaba  al guarani de los correntinos, pero ni el polaco ni el Ruben, que es el paraguayo albañil te entienden. Yo les pedi que te tradujeran porque queria que vos me hablaras de vos.
Lo unico que  lamento es el vello verde que cubre tu zona intima y que vos ya no me hablas de vos.

Tercer intento
vos no me hablás de vos
Vos no estas en tu voz. Otra cosa sustituye ese decir donde te busco..
Tu vos me habla. De tu. Tu, me dices. Usted, insiste . No me hablàs de vos. Y es una lastima porque te escucho y me lastima tu voz que habla llenando el espacio pero no habla de vos, y yo,penosamente, en la fiebre de la presencia vana  te trato de rastrear. En los silencios estas y enseguida hablas para no estar.
Tu voz me viste de datos inutiles. No me habla de vos. Usted me decis cuando me quedo inmovil,  y pienso puta que lastima, que tu vos que no me hable de vos, mientras que yo me dono como leche dulce de teta de madre
Entonces yo entro en vos, recurro interminables dependencias administrativas de tu vasto cerebro buscando que de vos esta dicho en eso que es una triste baba que se pega a vos, a mi,  entre nosotros.
Y al rato me estoy riendo, sabiendo, obscuramente (asi, con b) que vos no me hablaras de vos.Nunca.










ULTIMO INTENTO
|


Cuando yo te hablo de vos, es que me lastimaste. Cuando vos hablas de vos, es que posiblemente te haya pegado mal el vodka. Vos no me hablas de vos, Yo te hablo de mi, penosamente. Temo hacer un mal intercambio. A mi me gustaria saber de vos, me da consistencia humana, como si el resto del tiempo fuera un perro, un paria, una mujer con chador. Pero vos no me hablas de vos. Me decis usted,  me decis nonsenses alli donde yo estoy, hablando de mi, pisando en falso un parquet sin sosten que se cae, telarañas tendidas en el vacio, derrapando, agarrada de vos, que no me hablas de vos.

miércoles, 14 de abril de 2010

Hoy no pidas nada cansador, hoy soy una amante de cartòn

Nada por hacer esta noche ya se acaba//
vuelan los violines en el bar 
la radio cansada entona....fabulas de amor
y le doy mis huesos al colchon


Nada que decir las ventanas ya se apagan
las estrellas vuelven a girar
medio planeta va al trabajo....y medio a dormir
es la oportunidad de irme de aqui

Aguanta, aguanta/
Mañana voy a hacerte, muy felíz/pero hoy no me pidas
nada.....cansador/
hoy soy una amante de cartón

Nada que esperar en la calle no hay lugar
nadie con quien andar y conversar
nadie con quien mentir un te quiero....y lamentar
que sea tan tarde para amar

Aguanta, aguanta...

martes, 13 de abril de 2010

Yo tampoco, como los Heroes del Silencio, se distinguir


Las palabras fueron avispas
y las calles como dunas
cuando aun te espero llegar
(de un momento a otro)

En un ataúd guardo tu tacto y una corona
con tu pelo enmarañado
queriendo encontrar un arcoiris infinito

Mis manos que aún son de hueso
y tu vientre sabe a pan
la catedral que es tu cuerpo
lo será del enemigo

Eras verano y mil tormentas
y yo el león que sonríe a las paredes
que he vuelto a pintar del mismo color

No sé distinguir entre besos y raíces
no sé distinguir lo complicado de lo simple

Y ahora estás en mi lista
de promesas a olvidar
todo arde si le aplicas la chispa adecuada

Escribe con carbón en mi pensamiento
que cruzamos océanos de tiempo
dibujando los garabatos de mis fantasías
poco es tanto cuando poco necesitas

El fuego que era a veces propio
la ceniza siempre ajena
blanca esperma resbalando por la espina dorsal

Ya somos más viejos y sinceros y que más da
si miramos la laguna como llaman ala eternidad
de la ausencia

No sé distinguir entre besos y raíces
no sé distinguir lo complicado de lo simple

Y ahora estás en mi lista
de promesas a olvidar
todo arde si le aplicas la chispa adecuada

No sé distinguir entre besos y raíces
no sé distinguir lo complicado de lo simple

Y ahora estás en mi lista
de promesas a olvidar
todo arde si le aplicas la chispa adecuada

otra que siete grados de separacion.

¿Conocen el experimento siete grados de separacion? Es algo asi como que entre una persona y otra en el mundo a lo maximo hay cinco personas. Entre mi persona y un tipo que vive en Nepal, por ej. nos conectariamos por que el de Nepal tiene un comprador de Heroina que vive en Miste sur le camps, que le vende queso roquefort por intermedio de un tipo que hace tramites en la aduana que esta casado con una argentina que emigro en los setenta que era prima del hermanode mi cuñado que me conoce a mi. Una gran telaraña de libido. Una red que tendria que sostenernos, para que no nos caigamos.
Yo creo que es asi.
Tengo ejemplos personales, mucho mas cercanos. Por ej. estoy en una lista de correo donde todos usan nick y ademas son gente del oeste del conurbano (que como todo el mundo sabe, para el sur directamente no-existe, el oeste, verbigracia Moron, es una entelequia, una idea abstracta). Hace un par de años me volvi a juntar con mi grupo de la secundaria. Volvia a ver a compañeros que hace treinta años no veia.
Hablando con una mina, conocia a un tipo que participaba de la misma lista de correos, eran los dos periodistas de Telam. Y terminaron hablando (supongo que bien) de mi.
Y a quien no le paso eso de que estas en la concha de la lora, haciendo una excursion extravagante, cara e inutil (ir al tren la trochita en el medio de la nada patagonica) y a tu misma combi sube un tipo de la militancia. En la combi habia 6, vos, tu marido dos japoneses y el tipo de la militancia con su mujer.
La internet achico los siete grados de separacion y el mundo se volvio un pequeño puterio. Todos conocen a todos. Escribo naderias de un escritor cool, en mi blog oficial, y el escritor cool comenta, como haciendose ver.¿Como llego ahi? Es que acaso goglea su nombre todos los dias? ¿vanidad o paranoia?. Escribo una necrologica de un procer de la salud publica y me agradece la nieta. Me escribe a mi mail un tipo al que le meti un comentario, de alto vuelo en la politica oficial, diciendome que borro un post por lo atinado de mi comentario, criticandolo.  Todo el mundo le escribe a todo el mundo. Y no hablar de facebook. Odio el muro. Por lo menos aca te metes si queres, no te atosigo cuando prendes tu pantalla comentandote que no pude dormir. Aca venis, te jodes, vos te lo buscaste.
Es raro. No me diga que no.
No digo que es feo, pero me recorre un sudor frio pensando estas cosas.Pienso  (hoy soñe con eso) y ya me ha pasado, ver que un blogger se muere y la familia le entra al blog para dejar una nota, como para cerrar la cosa.
Si yo me muero ¿quien escribira la nota? ¿quien la leera? ¿quien sentira pena por mi sin conocerme? ¿quien sentira que me conoce de tanto leerme? Por las dudas le voy a dejar un encargo a silvia, mi amiga, no sea cosa de que me muera hoy y nadie tenga la contraseña  para decir que me he ido.

lunes, 12 de abril de 2010

Para el escriba de villa crespo que vive en la cueva del mostro,

En un comentario casual  con el Mostro, a través de su blog la cueva del mostro, el hombre me pidio que desarrollara un post acerca de los organos de excitación sexual. La cuestion venia a cuento de un aparato para controlar la psiquis femenina, que el posteo alegremente, cual "llame ya" y  que a mi me hizo acordar del Clik, la historieta de Milo Mannara.
La cuestion es que mi comentario era que tenemos un aparato de excitación sexual disponible, con multiples partes. Comprar algo sería innecesario. El hombre pidio post, y para esta escriba, vos lo pedis, vos lo tenes.
Post que trata del aparato de excitacion sexual.
a) La afiebrada mente humana. Esa que nos hace ver luces en algo adocenado. Que nos permite entrar en sutilezas de las inflexiones de la voz del otro, captar como si tuvieramos antenas algo apenas insinuado. El seso es en si mismo una maquina de erotizar. Con solo pensar en él se ocurren millones de cosas titilando en mi cabeza cual  si la tuviera rodeada de moscardones. Puedo pensar en él mientras hago cualquier cosa. Inclusive mientras no pienso en él.

b) Manos. Que abrazan, que tocan suavemente, que aprietan, que secan lagrimas, que hacen chau como si uno tuviera dos años. Manos que pueden estar deshidratadas, ajadas por el tiempo, pero su suavidad es algo mas alla de lo palpable. Inclusive manos rugosas, deformadas por la artritis pueden ser eroticas manos que aman.

c) La piel toda. Toda. Piel que cubre eso que de espantajo tenemos. Es decir, somos agua, sangre, musculo, porqueria pura, cubierta por suave lamina de sentir.  La piel que puede sentir al otro. Organo maravilloso la piel. Y si se junta con otra piel estamos  de fiesta.

d) Los cinco sentidos que sirven para escuchar su voz, para hablarle y decirte cuanto lo quiero, para arrullarlo y contarte pelotudeces que  lo hagan dormir, el tacto que me  fue dado solo para tocarlo a él. El olfato, para olerle el pelo, el olor que deja en la cama y ser un rato como esas madres que huelen la ropa y en ese olor  se consuelan de su ausencia  y tambien para sentir el olor del sexo que nos animala y nos hace morir un poco en cada polvo.

e) y despues esta lo obvio, todos los agujeros que se encastran con todas las salientes, todos los encuentros, todas las redes.

Para que digame señor mostro necesitamos un aparato como el clik????

domingo, 11 de abril de 2010

vamos de los chicos lindos a los amores perros.

Y coronaremos con un sombrero de laureles jalonado de los frutitos rojos que tenian los laureles en los dibujos infantiles del escudo nacional (nunca vi frutitos rojos en el laurel del que arranco las hojas para hacer la comida) , digo, coronaremos a la reina perra de las transas malucas.¿quien ?
La uruguaya Idea Vilarino, enamorada del borrachin noctambulo Onetti. Esa si que es buena para inducirte a agarrar la gillete azul oxidada que alguien dejo olvidada en el botiquin de una casa vacia y cortarse despacito el hilo que te ata a las cosas terrenales.
Los domingos son bajon, no para mi, sino es algo que me dice la sirena. Por mi parte sigo con mis cosas, pero la muy joputa busca en el google los poemas desgañitados a fuerza de ausencia de la amiga uruguaya y yo la conciento, lo copy lo paste y aqui lo dejo. No mejorarà un domingo down, pero en todo caso es muy bello.

Quiero
Quiero hacer que te olvides de tu nombre
en mi cuarto en mis brazos
quiero amarte
quiero romper al fin
vencer tu piel
y meterme en tu sangre para siempre.
Quiero que hagamos uno
ser tú mismo
enseñarte una última caricia
envolverte cegarte
obedecerte.
Quiero hacerte gemir
quiero quebrarte
deshacerte de ti
anonadarte
que no sepas
no seas
que te entregues
que te olvides
que acabes
que te mueras.

(1958)

sábado, 10 de abril de 2010

tan bello que duele.

agarras una botella de stolichnaya, y tu petaca. La llenas, y en el rush del vodka lo miras hasta que tanta belleza te inunde.
Seguro entonces seras mejor persona.

viernes, 9 de abril de 2010

hombres muy pero muy lindos.

Retomando un viejo tag, que teniamos una manga de desesperadas que frecuentamos esta bonita sala, me dio ganas de traerlo. Porque siempre aporto fotos de sirenas, pero a mi me gustan los varones. Mas que la milanesa a la napolitana.
Entonces me tome el tren fantasma y fui a buscar esta foto. En realidad hubiera querido encotrar la del poster que tenia en mi pieza de soltera. El hombre desabrochandose la bragueta, con una cara de degenerado que hacia parar los pelos de mi padre cada vez que venia a buscarme para cenar.
Esta entero, es un dios. A mi no me importa nada mas. Fuerte como un roble, duro como el acero, Inmortal como rourke en corazon satanico..
Miqui, vendiste tu alma al diablo, el chico malo que todas quisimos tener como novio.Yo queria un chico malo.Mire ud.
El paradigma del chico malo, los que vinieron despues fueron un pobre remedo de vos.
Jagger, para la monada.

jueves, 8 de abril de 2010

roland barthes como lo ha fatto mamma.

que dice Roland Barthes?
Dice que cuando alguien te importa amorosamente, todo hace signo. Vas al supermercado y ves en una gondola las galletitas pegajosas que te dejan las encias llenas de pastiche, esas que compra el, y lo recortas como signo. Todo hace signo. Las futilidades, las minucias. El cosmos se organiza estupidamente. Estar enamorado es como tener un callo en la planta del pie. Se te nota en la cara, todo el tiempo. La gente te ve turbada y vos sabes que estas pisando sobre ese callo. y hagas lo que haga esta alli. Ubicuo. Barthes lo dice muy lindo, seguro que vos sabes de que habla. Pocas veces conoci a personas que nunca estuvieron enamoradas. Los que conoci, se jactaban. Si hasta los replicantes de blade runner sabian del amor.Que miseria, mi dios, no haber amado NUNCA. Ayer anahi me decia que la fe es como el amor. La sentis o no. Y al fin entendi por que iba a la iglesia. Si la fe es como el amor ¿que se puede hacer?
Esto
Contingencias. Pequeños acontecimientos, incidentes, reveses, fruslerías, mezquindades, futilidades, pliegues de la existencia amorosa; todo nudo factual cuya resonancia llega a atravesar las miras de la felicidad del sujeto amoroso, como si el azar intrigase contra él.
El incidente es fútil (siempre es fútil) pero va a atraer hacia sí todo mi lenguaje. Lo transformo enseguida en acontecimiento importante, pensado por algo que se parece al destino. Es una capa que cae sobre mí arrastrándolo todo. Cicunstancias innumerables y tenues tejen así el velo negro de la Maya; el tapiz de las ilusiones, de los sentidos, de las palabras.Como un pensamiento diurno enviado a un sueño, será el incidente el empresario del discurso amoroso, que va a fructificar gracias al capital de lo Imaginario.
En el incidente no es la causa lo que me retiene y repercute en mí, es la estructura. No recrimino, no sospecho, no busco las causas; veo con pavor la extensión de la situación en la que estoy preso; no soy el hombre del resentimiento, sino el de la fatalidad.
El incidente es para mí un signo, no un indicio: el elemento de un sistema, no la eflorescencia de una causalidad.

LA DOÑA, MARIA FELIX

NACIO Y MURIO UN OCHO DE MAYO.
Parece que los hombres se volvian locos por ella. Tengo idea de que las mujeres tambien.
Cara de mala, tenia.
Cejas pintadas.
En el fondo deberia ser una pobre mujer, como vos y como yo. Pero la piloteaba de otra forma.
resbalando en el fango pero pisando los sacos de los hombres, que le tendian a su paso, creyendose grande o vaya a saber. Lei en el wiki que tenia una cosa rara con su hermano, una cosa incestuosa que hizo que la madre lo mandara a la escuela militar y el pibe se suicido. Le gustaban las cosas de hombre,
Esas son las mujeres falicas, parece que no les falta nada. Como si tuvieran hasta un pene y la seguridad de no perderlo. Dejan en falta a todo el mundo, tan agarradas de su palo (falo) imaginario.
Son un poco odiosas, te ponen en falta, no conocen de sus agujeros en las medias del alma.
No se si envidiarlas.
Seguro envejecio para el orto.
Y el aura se le fue pudriendo, como hojas de escarola metidas en una cartera. Murio lorquianamente, es decir
"decentemente, en su cama".
Todas las mujeres que no soy, soy.
Y a la final del camino ¿habra valido la pena?
Esas minas
a mi, que me quieran toda agujereada, asi como vengo de fabrica.
Segunda seleccion.

hay un encuentro de blogueros.

http://encuentroblogueros.blogspot.com/2010/03/encuentro-de-blogueros-nac.html

la sirena se va a pasar un rato, tanto como para decir aca estamos, nadando en el mar de los sargazos. Son bienvenidos comentadores, lectores y gente que subio porque estaba la luz prendida.
Tengo cierta ilusion de que sea un buen encuentro.
Era hora que en este pais la gente se juntara para que si, mucha gente, no estamos en estado de sitio,no necesitamos del pancho y la coca como contrapago.
nos juntamos porque se nos canta el reverendo culo.
Eso es bueno, saludable y amen.

miércoles, 7 de abril de 2010

Afanado con aviso de otro blog.

En en blog de demasto encontre esto el blog de ocasos albas y sentencias.
A veces las sirenas la van de suaves flores judokas y despues la pagan, se lo juro.

La mujercita que amas,
esa suave flor judoka,
la va de maga zulú
y combina tus venenos
haciéndose la ingeniosa,
odiosa siempre fiel. (PR)

martes, 6 de abril de 2010

vereda tropical

empece la mañana leyendo a Cabrera Infante, y de ahi me estuve acordando de las mujeres sin tetitas que hacian el show en el Hotel Nacional de la Habana, con la Orquesta Aragon y seguire habaneando todo el dia, y de ahi me fui a pensar en Puig, tan vereda tropical, porque cine, literatura, la habana y los boleros son un combo feroz y a esta altura, mire lo que le digo, no se si me hace bien o mal.
sur, malecon y despues.



cabrera infante, corrector de pruebas de corin tellado, no me conocia, empero,lo escribio para mi o acaso para este blog


Ella cantaba Boleros (fragmento)
Y sin música, quiero decir sin orquesta, sin acompañante, comenzó a cantar una canción desconocida, nueva, que salía de su pecho, de sus dos enormes tetas, de su barriga de barril, de aquel cuerpo monstruoso, y apenas me dejó acordarme del cuento de la ballena que cantó en la ópera, porque ponía algo más que el falso, azucarado, sentimental fingido sentimiento de la canción, nada de la bobería amelcochada, del sentimiento comercialmente fabricado del feeling, sino verdadero sentimiento y su voz salía suave, pastosa, líquida, con aceite ahora, una voz coloidal que fluía de todo su cuerpo como el plasma de su voz y de pronto me estremecí.

lunes, 5 de abril de 2010

vino safo y dejo cuento erotico. La lujuria nos agarra desprevenidas.

A esta altura de los acontecimientos puedo hacer un analisis cientifico de la fantasia erotica de la escritora casual de cuentos lascivos.
La lujuria las agarra desprevenidas. Iban a otra cosa, en viaje, al cine, a la playa a charlar con amigas, a dormir tranquilas a su cama.
Y de repente les agarra la lust.
Aca un cuento de tortilleras, que nos trae zafo (ups, conte el final). Esta bien escrito. Ud. la viera, tan modosita, tan señora, ¿como le va señora¿ la familia bien??? Escribiendo semejantes porquerias.

Hoy Safo, zafó de mis quejas de incumplimiento y me trajo su gracia.
va cuento, para que uds. juzguen por si mismos la negrura del alma de esta mujer argentina.

el cuento, segun dice su autora, es mitad mentira mitad verdad. Borgianamente podria decir "hay una cosa que no existe, es la verdad" o tal vez "hay una cosa que no existe, es la mentira". Demasiada introduccion para pura pornografia de playas.
Todavia estais a tiempo, arrepentiros....y ved a un blog evangelico, que vendra el dia en que el señor separara la mala hierba de la buena... y. 
Yo les avise.
ARENA QUE LA VIDA ME LLEVO.


La  conocimos a la gorda Susana en nuestro segundo año de universidad. La ubicó, en una clase de Latín II, la Gorriona. Y me la señaló, mirándola con esos ojitos chiquitos marrones, marcándola con el índice finito que parecía, justamente, la punta del ala de un gorrión.
              La gorda Susana venía de Buenos Aires, había sido habitué del café La Paz y lo conocía a Abelardo Castillo, escritor ignoto para nosotras dos, digo, la Gorriona y yo. La escuchábamos a veces con la boca abierta. No nos podíamos creer tanta experiencia, tanta sabiduría, tanta cita culta en la boca de la gorda.
              Pero también la escuchábamos con los ojos como huevo frito y las piernas apretadas cuando nos contaba sus historias de encuentros en hoteles, paseos en autos nuevos, regalos inalcanzables. Porque la gorda era así: nunca un compañero de estudio o de militancia, nunca. Siempre merodeando en ese universo de tipos casados-separados-desilusionados de la vida y de sus legales mujeres. Que la llevaban al Maison Sur por unas horas y la llenaban de esos perfumes que sólo veíamos en los escaparates inalcanzables de Galerías Plaza.
              Una vez nos invitó  a mí y a la Colorada a cenar en una parrilla de la calle Donado. Compartimos las achuras con la gorda y su amante de turno, un fotógrafo de familia muy reconocido en la ciudad, por supuesto casado, por supuesto ahogado en sus problemas de pareja. Comimos como buitras, y esa salida nos valió días después una reprimenda fenomenal del Tribunal Revolucionario Cuidabraguetas ajenas de la Fede por haber aceptado asistir a tamaño cónclave con dos infieles. La Gorriona no había ido. Y se quedó con las ganas.
              En el verano del 73, antes de las elecciones, nos fuimos con la gorda y la Gorriona a una playa cercana. La Gorriona no tenía ni una mísera malla enteriza, así que la gorda, que también se las rebuscaba para eso, cachó un Burda, algunos trapos, y le hizo una bikini a la Gorriona, que era culona como ánfora etrusca. La parte de abajo más se parecía a un bombachudo de la década del 40, pero peor es nada. Y la Gorriona estaba más que feliz con su bikini ad hoc.
              Estaba buena la playa, y estaban buenas las charlas entre las tres, en las que la gorda Susana ponía el tema, yo acompañaba y la Gorriona metía uno que otro bocadito, bien dicho, bocadito, con esa boquita como el piquito de un pájaro.
              Temas varios, temas amplios, desde la conveniencia de hacer una película con el recientemente leído Boquitas Pintadas, hasta la Alianza Popular Revolucionaria del viejo Bisonte Allende. Temas tan varios, mechados con las conquistas amorosas de la gorda, y la enumeración precisa de los avatares amatorios.
              Estábamos sentadas en la lonita al atardecer. La gorda Susana se acordó de los primeros versos de La Cautiva al ver el sol desapareciendo entre los médanos: “…Era la tarde y la hora/ en que el sol la cresta dora/ de los Andes…” Pie partido, dije yo, o algo así. Nos quedamos mirando, y ahí nomás la gorda se acordó del tipo aquel que la llevaba a la playa en un Fairlaine blanco (o era un Falcon, no me acuerdo). Y nos empezó a contar cuando cogieron en esa misma playa donde teníamos asentados nuestros culos helados ya por la humedad.
              No fue un cuento más. Se ve que la gorda estaba inspirada, porque de la exposición teórica pasó a la práctica, en la que ella venía a ser él, y yo venía a ser la gorda. La Gorriona miraba , y me pareció que se le agrandaban los ojos.
              -Porque el tipo lo primero que hizo fue bajarme la malla hasta la cintura-  dijo la gorda, y procedió. Conmigo.
              -Y con el pulgar y el índice me masajeaba los pezones…
              - Y mientras tanto me sacaba completamente la malla para chuparme toda.
              La gorda Susana se había calentado. Era él, haciéndomelo a mí. Era yo la gorda sintiendo los dedos de él pellizcándome las tetas, la lengua de él allá abajo,  húmedo, húmedo. Era la Gorriona, espectadora privilegiada de dos cuerpos que empezaban a sacudirse al unísono, porque yo le había metido la mano a la gorda, y le estaba acariciando cada vez más fuerte el clítoris.
              La Gorriona se arrancó de una sola vez el corpiño y el bombachón patético de su bikini, y quedó con ese cuerpito de pajarito culón arrodillado en la arena, con sus manitos tocándose, tocándose.
              El sol ya se había ido y no doraba ni la cresta ni el orto de los Andes. Pero la cosa seguía y seguía. Sordas, gimiendo, gozando, las tres acabamos apoteóticamente: la gorda y yo en un beso de lengua descomunal que selló el orgasmo, y la Gorriona tirada en la arena sin poder creer que era esto, sí era esto lo que ella había soñado.
              Estaba subiendo la humedad del mar…Nos sentamos sobre la lonita pedorra, buscamos los puchos en la mochila mugrienta, y la gorda Susana, sabia, mirándonos a la Gorriona y a mí, mientras le daba al  Dupont para prender el L&M, nos dijo con su voz más profunda:
              -Flor de paja nos hicimos, chicas…


algo viejo que merece volver a leerse.

cateterismo

La mañana se desliza entre nescafé y el viaje a la clínica, él manejando con auto mientras el otoño, otro otoño, otro mas, casi rutina y des...