hacemos lo que podemos

hacemos lo que podemos

martes, 29 de noviembre de 2011

Más allá de tus labios del sol y las estrellas contigo en la distancia amada mía, estoy




entonces te ofreci
la luna, las estrellas
un soneto alejandrino bien construido
con metrica perfecta
y metáforas que no llamarian a la chanza
de chicos listos promovidos en Puan
para trabajar ,finalmente,  de criticos.

me dijiste que nada podia comprar tu amor

Entonces se me ocurrio partir mi cuerpo
como una sandia en pleno verano
para darte un hijo.
Te rehusaste porque no te interesaba 
tener descendencia

Aposté al sexo duro
me hice ducha en posiciones del kamasutra
indague en sutilezas tantricas
pero eras un hombre simple
básico
que no necesitaba malabarismos a la hora de los bifes

Se me dio por hacerte ver mis ilusiones, 
contarte sueños
invitarte a entrar en el exquisito secreto 
que los hombres suponen 
que las mujeres guardan

(no hay tal cosa, es verdad)

pero eras demasiado inteligente
para dejarte convencer por fruslerias

Hasta que al final te ofreci dinero
Era eso
El dinero podia comprar tu amor.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Dialectica de lo porno en la escritura.

No me interesa para este breve texto la diferencia entre lo erotico y el porno, hagamos caso omiso de eso, solo quiero compartir cuatro renglones sobre que pasa discurso escrito del porno contrapuesto con el discurso del amor, en tanto lectora del genero
Lejos de ser una especialista he leido a Sade, algunas cosas de la coleccion La sonrisa Vertical y navegando en  en el twitter pispeado cosas tales como Las Pornografas, para hablar de aqui y ahora.
No he leido mas, porque el genero me resulta insoportable. Empiezo esperanzada y termino enojada por por ej. no haber elegido una antologia de cuentos norteamericanos en vez de esas porquerias.

El tema me convoca en tanto creo en Freud, creo (no es aleatorio el verbo) que tiene razon en aquello sobre lo que se erige lo humano es la falta de saber sobre la sexualidad y la muerte.

Pero la lectura del genero en general me hace pensar  una y otra vez que la sexualidad cuando se escribe queda monotona, aburrida, repetitiva y que no es dialectizable por escrito. Destila pulsion de muerte, y por sobre todas las cosas suena infantil.

Suena infantil porque no hay nada mas infantil que las pulsiones parciales. Lo oral, lo anal, lo falico desmembrados, son la sexualidad infantil.

Quiero decir que aunque le pongo ganas,  no me convence la literatura de esta estofa. Y pienso (es mi hipotesis, no tengo otra) que en definitiva lo sexual no es escribible.
Lo sexual es para hacer, no para escribir

Y cuando se escribe es "otra cosa". Y siempre aburre a la segunda pagina. Lo sexual puro, lo mas crudo, lo mas cruel siempre parece escrito por subnormales, por escritores que nos toman de idiotas, por niños de jardin con diccionarios de sinonimos estupidos. Uno espera que mejore el estilo pero no. Le pido al texto una credibilidad o una luz que no aporta, termino siempre decepcionada como con una pelicula de bajo presupuesto en una playa en invierno, hecha por estudiantes de cine que quieren parecer listos. .


En cambio el amor es escribible. Es cantable. Soporta el discurso escrito, que lo mejora y lo empodera. Me duele una mujer en todo el cuerpo, por ej. Cualquier bolero. El amor se exalta, se morfa las palabras, las necesita, estas lo recubren y lo hacen lucir como estrella.
Si un papanatas se enamora de verdad y sabe cuatro palabras, puede hacer un gran poema. A el amor le van las palabras
  Cuando el amor se escribe es. Destella. (por supuesto si esta bien escrito)

no le echen la culpa a freud, son cosas mias. No me den bola

sábado, 26 de noviembre de 2011

que es lo que quieren las mujeres, pancho?, Yo, yo quiero....

Cecilia de Lucio, poeta cordobesa.

Aunque se modifique
el recorrido

hay una gramática oculta
estricta
precisa

en tu arte
de hacerte el boludo

El amigo Quique de Lucio posteo sobre premios de poesia en Cordoba y a mi me gustaron mucho estos breves versos, muy lacanianos. . 
A la vez me quejo amargamente de que para ser una joven poeta haya que ser joven. Malditos!

viernes, 25 de noviembre de 2011

chasquibunes de colores

Esta es una foto original, una foto familiar. Mi hija esta casada con alguien de la familia del campeón de la foto
Cuantos chasquibunes de colores tiramos al aire, la gilada nos promete cosas, tus orgullos con tierra seran tapados. y nos encuentra la vida creyendo, Creemos en la billetera, el viaje a Rio, creemos en la ropita bien cortada,el ultimo discurso de Cristina, en el titulo de la UBA, creemos en larari, lara.
 Pobres negros, decia Cortazar en un poema, y si, pobres negros los seres humanos con nuestras pretenciones. Imbeciles orgullos, campeones de la nada.
Quiero tener la medida de las cosas que vale, pasar el rasero que deje afuera el sinsentido. Las fotos viejas me interpelan. Esta serà delos setenta, una foto familiar, pegada en un album.
Nos avisa de algo, quiza de la muerte y por lo tanto de la vida. Campeon del Mundo, y larari.
mordemos el polvo hermanos. Asi.
y la voz de Tuñon recitando

jueves, 24 de noviembre de 2011

otra flor azteca.

tengo algunos mencionando la  flor azteca. Ese fenomeno de circo que consiste en hacer creer a los ingenuos (todos lo somos) por unos vintenes, que una mujer puede mostrarse sin cabeza. En las que yo conocía solo se mostraba la cabeza en un florero y era una cabeza adivinatoria. Acà el truco consiste en mostrar el cuerpo sin la cabeza, El tallo de una flor azteca, y en vez de ser adivinatoria la magia trocaba en medicina y enfermeros y oxigeno. Muy propio de un tiempo en que la ciencia era la magia.
Al final, el video tiene una musiquita triste. Y eso esta muy bien.
¿Que es lo verdadero que hay  en los circos viejos que a mi me atrae?
Lo verdadero es lo triste, lo umhemlich (aprendí este termino de Freud, lo familiar que se ha vuelto extraño, lo siniestro) y existen dias en que  quisieramos ser una flor azteca sin cabeza y que nos cuidara una enfermera y que ud. viniera a verme dejando calderilla para el guiso..

martes, 22 de noviembre de 2011

abuelos.

De mis cuatro abuelos, recuerdo dos: Mi abuela tana y mi abuelo gallego.
Andaba buscando algun poema con la palabra abalorios. Y en el medio de esa búsqueda encontrè uno cubano, de Guillen, hablando de los ancestros, que hablan por los genes, por herencias de las sangres,que hablan en nosotros mas alla de que no nos hayan conocido.  De allì venimos. Quizà nos escoltan. Y cantan por nuestra boca.
Y si, tiene la palabra abalorios, esos pequeños cristales, esos ojitos de perro azul

Balada de los dos abuelos
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.
Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco!
Africa de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos...
--¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos...
--¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro...
--¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios...!
--¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
¡Oh puro sol repujado,
preso en el aro del trópico;
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!
¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo fulgor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
Piedra de llanto y de sangre,
venas y ojos entreabiertos,
y madrugadas vacías,
y atardeceres de ingenio,
y una gran voz, fuerte voz,
despedazando el silencio.
¡Qué de barcos, qué de barcos,
qué de negros!
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Don Federico me grita
y Taita Facundo calla;
los dos en la noche sueñan
y andan, andan.
Yo los junto.
--¡Federico!
¡Facundo!   Los dos se abrazan.
Los dos suspiran.   Los dos
las fuertes cabezas alzan;
los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas;
los dos del mismo tamaño,
ansia negra y ansia blanca,
los dos del mismo tamaño,
gritan, sueñan, lloran, cantan.
Sueñan, lloran, cantan.
Lloran, cantan.
¡Cantan!
Nicolás Guillén

domingo, 20 de noviembre de 2011

sirena que vuelve.

Sirena que vuelve
Tuvo alguna vez un analista lacaniano. Probó mas tarde con la bioenergía, con una mina que había sido instruida por una machi en la Patagonia, con terapias alternativas.
Hacia yoga, militaba con un colectivo de mujeres, estaba comprometida con varias causas
Con cuarenta , le podían dar treinta (pilates, comida orgánica la mas de las veces)
Como estaba al pedo, y le pagaban una fortuna por trabajar en su casa on line con la oficina, reina del homeworking, había emprendido la tarea de encontrar su ser.
No tenia muy claro (a pesar de haberlo hablado tanto) si estar sola era una elección o un destino.
No daba más.
Parada, esperando que le entregaran el pedido en el take away del restò de comida vietnamita, que habían puesto donde antes había un negocio de arte, y antes una tienda de diseño, y antes, (mucho antes) una verdulería de barrio, tuvo una iluminación.
Un insight, revelación, como quieras llamarlo.
Por eso, ni bien pagó tiró el cartón que semejaba las cajitas del China Town, el legitimo, el de New York, oliendo a salsa teriyaki  y caminó como casi volando a su departamento
Hizo una pila de las cosas innecesarias, que había comprado con unción de creyente, pensando en que ya encontraría forma de venderlas, porque su nueva vida iba a necesitar de grandes decisiones.
 Dejar su trabajo, donde después de todo, nadie la extrañaría
Zapatos altísimos de taco aguja, un vestuario caro e inútil que acá la hacia invisiblemente adecuada, allá llamaría a risa o escarnio.
En un bolso (el de llevar la ropa al laverrap) puso básicos.
Paso por el cajero, retiro tres lucas, paso por el banco -casi cerraban- sacó el resto. Obvió la tentación de llamar un radio taxi, camino cinco cuadras, llego a la Estación Pacifico, tomó  el subte D, hizo la combinación, y sacó pasajes para el bus ( no se llama bus, el nombre correcto era micro) a San Clemente.
En la terminal se compró un matelisto Taragui. No era la herramienta adecuada pero se acercaba
Y en la arena, sentada, sorbiendo  (años que no tomaba). como si el sabor verde fuera la magdalena de proust, mirando a rabiar el mar marrón que ese día  era puro Río de la Plata, en la arena negra, y riéndose de si misma, mientras, además lloraba como un surtidor, supo exactamente quien era.
En la vida del Héroe hay un viaje. Para algunos es traspasar el océano, para  otros se trata de volver. 

viernes, 18 de noviembre de 2011

La arena es un puñadito, pero hay montañas de arena.

Pena sobre pena y pena hacen que uno pegue el grito, dice Yupanqui.
También lo contrario, sonrisa sobre sonrisa prenden velas al alma y reverberás en la oscuridad, de puro querer y ser querida.

El verso del titulo es maravilloso porque todo se acumula, la sinrazón, la alegría,los nervios, el fervor, lo bueno y lo malo parece alojarse a veces en nuestro cuerpo. Tengo arena en montañas y no puedo purgarme como una almeja. Lo cual seria justicia. Las sirenas tendrían que poder purgarse poniéndolas en un balde de agua marina para que largaran la porquería. En tanto no es así  escribimos. Y hoy, la sirena ahogada en vodka postea Las coplas del payador perseguido, de Yupanqui, un hombre que con esa proverbial cara de orto y zocarron como pocos sabia compartir algunas verdades provisionales.



Con permiso via a dentrar
aunque no soy convidao,
pero en mi pago, un asao
no es de naides y es de todos.
Yo via cantar a mi modo
después que haiga churrasquiao. 

No tengo Dios pa pedir
cuartiada en esta ocasión,
ni puedo pedir perdón
si entuavía no hei faltao;
veré cuando haiga acabao;
pero ésa es otra cuestión. 

Yo sé que muchos dirán
que peco de atrevimiento
si largo mi pensamiento
pal rumbo que ya elegí,
pero siempre hei sido ansi;
galopiador contra el viento. 

Eso lo llevo en la sangre
dende mi tatarabuelo.
Gente de pata en el suelo
fueron mis antepasaos;
criollos de cuatro provincias
y con indios misturaos. 

Mi agüelo fue carretero,
mi tata fue domador;
nunca se buscó dotor
pues se curaban con yuyos,
o escuchando los murmullos
de un estilo de mi flor. 

Como buen rancho paisano
nunca faltó una encordada,
de ésas que parecen nada
pero que son sonadoras.
Según el canto y la hora
quedaba el alma sobada. 

Mi tata era sabedor
por lo mucho que ha rodao.
Y después que había cantao
destemplaba cuarta y prima,
y le echaba un poncho encima
'pa que no hable demasiado...' 

La sangre tiene razones
que hacen engordar las venas.
Pena sobre pena y pena
hacen que uno pegue el grito.
La arena es un puñadito
pero hay montañas de arena 

No sé si mi canto es lindo
o si saldrá medio triste;
nunca fui zorzal, ni existe
plumaje más ordinario.
Yo soy pájaro corsario
que no conoce alpiste. 

Vuelo porque no me arrastro,
que el arrastrarse es la ruina;
anido en árbol de espina
lo mesmo que en cordilleras
sin escuchar las zonceras
del que vuela a lo gallina. 

No me arrimo así nomás
a los jardines floridos.
Sin querer vivo alvertido
pa' no pisar el palito.
Hay pájaros que solitos
se entrampan por presumidos. 

Aunque mucho he padecido
no me engrilla la prudencia.
Es una falsa experiencia
vivir temblándole a todo.
Cada cual tiene su modo;
la rebelión es mi cencia. 

Pobre nací y pobre vivo
por eso soy delicao.
Estoy con los de mi lao
cinchando tuitos parejos
pa' hacer nuevo lo que es viejo
y verlo al mundo cambiao. 

Yo soy de los del montón,
no soy flor de invernadero.
Soy como el trébol pampero,
crezco sin hacer barullo.
Me apreto contra los yuyos
y así lo aguanto al pampero. 

Acostumbrao a las sierras
yo nunca me sé marear,
y si me siento alabar
me voy yendo despacito.
Pero aquel que es compadrito
paga pa' hacerse nombrar. 

Si alguien me dice señor,
agradezco el homenaje;
mas, soy gaucho entre gauchaje
y soy nada entre los sabios.
Y son pa' mi los agravios
que le hagan al paisanaje. 

La vanidá es yuyo malo
que envenena toda la huerta.
Es preciso estar alerta
manejando el azadón,
pero no falta el varón
que la riegue hasta en su puerta. 

El trabajo es cosa buena,
es lo mejor da la vida;
pero la vida es perdida
trabajando en campo ajeno.
Unos trabajan de trueno
y es para otros la llovida. 

Trabajé en una cantera
de piedritas de afilar.
Cuarenta sabían pagar
por cada piedra polida,
y era a seis pesos vendida
en eso del negociar. 

Apenas el sol salía
ya estaba a los martillazos,
y entre dos a los abrazos
con los tamaños piegrones,
y por esos moldejones
las manos hechas pedazos. 

Otra vez fui panadero
y hachero en un quebrachal;
he cargao bloques de sal
y también he pelao cañas,
y un puñado de otras hazañas
pa' mi bien o pa' mi mal. 

Buscando de desasnarme
fui pinche de escribanía;
la letra chiquita hacía
pa' no malgastar sellao,
y era también apretao
el sueldo que recibía. 

Cansao de tantas miserias
me largué pal Tucumán.
Lapacho, aliso, arrayán,
y hacha con los algarrobos.
¡Por dos cincuenta! Era robo
pa' que uno tenga ese afán. 

Sin estar fijo en un lao
a toda labor le hacía,
y ansí sucedió que un día
que andaba de benteveo
me topé con un arreo
que dende Salta venía. 

Me picó ganas de andar
y apalabré al capataz,
y ansí, de golpe nomás
el hombre me preguntó:
¿Tiene mula? Cómo no
le dije . Y hambre, de más. 

A la semana de aquello
repechaba cordilleras,
faldas, cuestas y laderas
siempre pal lao del poniente,
bebiendo agua de virtiente
y aguantando las soleras. 

Tal vez otro habrá rodao
tanto como he rodao yo,
y le juro, creameló,
que he visto tanta pobreza,
que yo pensé con tristeza:
Dios por aquí no pasó. 

Se nos despeñó una vaca
causa de la cerrazón,
y nos pilló la oración
cueriando y haciendo asao;
dende ese día, cuñao
se me gastó mi facón. 

Me sacudí las escarchas
cuando bajé de los Andes,
y anduve en estancias grandes
cuidando unos parejeros;
trompeta, tapa y sombrero,
pero pa' los peones, de ande. 

La peonada, al descampao,
el patrón, en Güenos Aires.
Nosotros, el cuello al aire
con las caronas mojadas,
y la hacienda de invernada
más relumbrosa que un fraile. 

El estanciero tenía
también sus cañaverales,
y en los tiempos otoñales
juntábamos los andrajos,
y no íbamos p'abajo
dejando los pedregales. 

Allí nos amontonaban
en lote con otros criollos,
cada cual buscaba un hoyo
ande quinchar su guarida,
y pasábamos la vida
rigoriaos y sin apoyo. 

Faltar, no faltaba nada:
vino, café y alpargatas.
Si habré revoliao las patas
en gatos y chacareras.
Recién la cosa era fiera
al ir a cobrar las latas. 

¡Qué vida más despareja!
Todo es ruindad y patraña;
Pelar caña es hazaña
del que nació pal rigor.
Allí había un solo dulzor
y estaba adentro e'la caña. 

Era un consuelo pal pobre
andar jediendo a vinacho.
Hombres grandes y muchachos
como malditos en vida,
esclavos de la bebida
se lo pasaban borrachos. 

¡Tristes domingos del surco
los que yo he visto y vivido!
Desparramaos y dormidos
en la arena amanecían,
a lo mejor soñarían
con la muerte o el olvido... 

Riojanos y santiagüeños,
salteños y tucumanos,
con el machete en la mano
volteaban cañas maduras,
pasando sus amarguras
y aguantando como hermanos. 

¡Rancho techao con maloja,
vivienda del peleador!
En medio de ese rigor
no faltaba una vihuela,
con que el pobre se consuela
cantando coplas de amor. 

Yo también, que desde chango
unido al canto crecí,
más de un barato pedí
y pa'los piones cantaba.
¡Lo que a ellos les pasaba
también me pasaba a mí! 
Cuando yo aprendí a cantar
armaba con pocos rollos.
Y en la orilla de un arroyo
bajo las ramas de un sauce,
crecí mirando en el cauce
mis sueños de pobre criollo. 

Cuando sentí una alegría;
cuando el dolor me golpió;
cuando una duda mordió
mi corazón de paisano,
desde el fondo de los llanos
vino un canto y me curó... 

En esos tiempos pasaban
cosas que ya no pasan.
Cada cual tenía un cantar
o copla de anochecida.
Formas de curar la herida
que sangra en el trajinar. 

Algunos cantaban bien.
Otros, pobres, más o menos...
Mas no eran cantos ajenos,
aunque marca no tenían.
Y todos se entretenían
guitarreando hasta el desvelo. 

Por ahí se allegaba un maistro,
de esos puebleros letraos;
juntaba tropa y versiaos
que iban después a un libraco,
y el hombre forraba el saco
con lo que otros han pensao. 

Los peones formaban versos
con sus antiguos dolores.
Después vienen los señores
con un cuaderno en la mano,
copian el canto paisano
y presumen de escritores. 

El criollo cuida su flete,
su guitarra y su mujer;
siente que enfrenta un deber
cada vez que da la mano;
y aunque pa'todo es baquiano
sólo el canto ha de perder. 

¡Coplas que lo acompañaron
en las quebradas desiertas,
aromas de flores muertas
y de patriadas vividas,
fueron la luz encendida
para sus noches despiertas!... 

Se aflije si se le pierde
un bozal, un maneador,
pero no siente furor
si al escucharle una trova,
viene un pueblero y le roba
su mejor canto de amor. 

De seguro, si uno piensa,
le halla el nudo a la madeja,
porque la copla más vieja,
como la raíz de la vida,
tiene el alma por guarida,
que es ande anidan las quejas. 

Por eso el hombre al cantar
con emoción verdadera,
echa su pena p'ajuera
pa que la lleven los vientos,
y ansí, siquiera un momento
se alivia su embichadera. 

No es que no ame a su trova
ni que desprecie su canto.
Es como cuando un quebranto
en la noche de los llanos
hace aflojar al paisano
y el viento le lleva el llanto. 

En asuntos del cantar,
la vida nos va enseñando
que sólo se va volando
la copla que es livianita.
Siempre caza palomitas
cualquiera que anda cazando... 

Pero si el canto es protesta
contra la ley del patrón,
se arrastra de peón a peón
en un profundo murmuyo,
y marcha al ras de los yuyos
como chasque en un malón. 

Se pueden perder mil trovas
ande se canten quereres,
versos de dichas, placeres,
carreras y diversiones;
suspiros de corazones
y líricos padeceres. 

Pero si la copla cuenta
del paisanaje la historia,
ande el peón vueltea la noria
de las miserias sufridas,
ésa, se queda prendida
como abrojo en la memoria! 

Lo que nos hizo dichosos
tal vez se pueda olvidar;
los años en su pasar
mudarán los pensamientos.
Pero angustias y tormentos
son marcas que han de durar... 

Estas cosas que yo pienso
no salen por ocurrencia.
Para formar mi esperencia
yo masco antes de tragar.
Ha sido largo el rodar
de ande saqué la alvertencia. 

Si uno pulsa la guitarra
pa cantar coplas de amor,
de potros, de domador,
de la sierra y las estrellas,
dicen : ¡Qué cosa más bella!
¡Si canta que es un primor! 

Pero si uno, como Fierro,
por ahíi se larga opinando,
el pobre se va acercando
con las orejas alertas,
y el rico vicha la puerta
y se aleja reculando. 

Debe trazar bien su melga
quien se tenga por cantor,
porque sólo el impostor
se acomoda en toda huella.
Que elija una sola estrella
quien quiera ser sembrador...

En el trance de elegir
que mire el hombre p'adentro,
ande se hacen los encuentros
de pensares y sentires.
Después que tire ande tire,
con la concencia por centro. 

Hay diferentes montones,
unos grandes, y otros chicos.
Si va pal montón del rico
el pobre que piensa poco,
detrás de los equivocos
se vienen los perjudicos. 

Yo vengo de muy abajo,
y muy arriba no estoy.
Al pobre mi canto doy
y así lo paso contento,
porque estoy en mi elemento
y ahí valgo por lo que soy. 

Si alguna vuelta he cantao
ante panzudos patrones,
he picaneao las razones
profundas del pobrerío.
Yo no traiciono a los míos
por palmas ni patacones. 

Aunque canto en todo rumbo
tengo un rumbo preferido.
Siempre canté estremecido
las penas del paisanaje,
la explotación y el ultraje
de mis hermanos queridos. 

Pa que cambiaran las cosas
busqué rumbo y me perdí;
al tiempo, cuenta me dí
y agarré por buen camino.
¡Antes que nada, argentino;
y a mi bandera seguí...! 

Yo soy del norte y del sur,
del llano y del litoral;
y naide lo tome a mal
si hay mil gramos en el kilo.
Ande quiera estoy tranquillo
pero ensillao, soy bagual. 

El cantor debe ser libre
pa desarrollar su cencia.
Sin buscar la convenencia
ni alistarse con padrinos.
De esos oscuros caminos
yo ya tengo la experiencia. 

Yo canto, por ser antiguos
cantos que ya son eternos;
y hasta parecen modernos
por lo que en ellos vichamos.
Con el canto nos tapamos
para entibiar los inviernos... 

Y no canto a los tiranos
ni por orden del patrón.
El pillo y el trapalón
que se arreglen por su lado
con payadores comprados
y cantores de salón. 

Por la fuerza de mi canto
conozco celda y penal.
Con fiereza sin igual
más de una vez fui golpiao,
y al calabozo tirao
como tarro al basural. 
Se puede matar a un hombre.
Pueden su rostro manchar,
su guitarra chamuscar.
¡Pero el ideal de la vida,
esa es leñita prendida
que naide ha de apagar! 

Los malos se van alzando
todo lo que hallan por ahí;
como granitos de maíz
siembran los peores ejemplos,
y se viene bajo el templo
de la decencia del país. 

Detrás del ruido del oro
van los maulas como hacienda;
no hay flojo que no se venda
por una sucia moneda;
mas, siempre en mi tierra queda
gauchaje que la defienda. 

Cantor que cante a los pobres
ni muerto se ha de callar.
Pues ande vaya a parar
el canto de ese cristiano,
no ha de faltar el paisano
que lo haga resucitar. 

El estanciero presume
de gauchismo y arrogancia.
El cree que es extravagancia
que su peón viva mejor.
Mas, no sabe ese señor
que por su peón tiene estancia. 

Aquel que tenga sus reales
hace muy bien en cuidarlos;
pero si quiere aumentarlos
que a la ley no se haga el sordo.
Que en todo puchero gordo
los choclos se vuelven marlos. 

Una vuelta, sin trabajo,
andaba por Tucumán,
y en una fonda, ande van
cantores de madrugada,
me acerqué pa la payada
que siempre ha sido mi afán. 

Aunque extrañando la monta
me le apilé a un instrumento.
Y al cabo de algún momento
le di puerta a una baguala,
con una coplita rala
de esas que llevan los vientos. 

Tal vez fuera la guitarra.
¡Tan lindo como sonaba!
Mi corazón remontaba
tristezas de los caminos,
y lo maldije al destino
que tantas penas me daba. 

Un hombre se me acercó
y me dijo : ¿Qué hace acá?
Viaje pa la gran ciudad
que allí lo van a entender;
áhi tendrá fama, placer
y plata pa regalar. 

¡Para qué lo habré escuchao!
¡Si era la voz del mandinga!
Buenos Aires, ciudá gringa,
me tuvo muy apretao.
Tuitos se me hacían a un lao
como cuerpo a la jeringa.

Y eso que no vine pobre
pues traiba alpargatas nuevas.
Las viejas pa cuando llueva
en la alforja las metí;
un pantalón color gris
y un saco tirando a leva.

Saltando de radio en radio
anduve, figuresé.
Cuatro meses me pasé
en partidas malogradas;
naide aseguraba nada,
y sin plata me quedé.

Vendí mis lindas alforjas.
Mi guitarra, ¡la vendi!
En mi pobreza, ay de mí,
me hubiera gustao guardala.
¡Tanto me ha costao comprarla
Pero, en fin todo perdí!

¡Vihuela, dónde andarás,
qué manos te están tocando.
Noches enteras pensando
siquiera como consuelo,
que sea un canto de este suelo
lo que te están arrancando...!

Cuando el máiz está en barbecho
luce un color brillantón;
las hebras, como un nailón
presumen con sus lindezas.
Pero agachan la cabeza
si las agarra el carbón.

Igual me pasaba a mí
en aquellos tiempos idos;
joven, fuerte, presumido,
y cuando se acabó el queso,
volví en un triste regreso
poblada l'alma de olvidos.

Cosas de la juventud...
¡Malhaya, dónde andarás!
Aura que estoy bataraz
de tanto cambiar el pelo,
recuerdo aquellos develos
pero no miro p'atras.

Me volví pal Tucumán
nuevamente a padecer.
Y en eso de andar y ver
se pasarán muchos años
entre penas, desengaños,
esperanzas y placer.

Mas, no jué tiempo perdido,
asegún lo ví después.
Porque supe bien como es
la vida de los paisanos.
De todos me sentí hermano,
del derecho y del revés.

Siempre recuerdo los tiempos
en que guapiando pasé,
los cerros que atravesé
buscando lo que no hallaba,
y hasta a veces me quedaba
por esos campos de a pie.

La vida me fué enseñando
lo que vale una guitarra;
por ella anduve en las farras
tal vez hecho un estropício,
y casi me agarra el vicio
con sus invisibles garras.

Menos mal que llevo adentro
lo que la tierra me dio.
Patria, raza o que sé yo,
pero que me iba salvando,
y así, seguí caminando
por los caminos de Dios.

Pero como en la payada
bien llamada contrapunto
no acaba en esto el asunto
sino que debe seguir,
algo mas debo decir
en la cuestión de los puntos.

Yo no consegui aclarar,
y no me explico el motivo,
tres puntos consecutivos
que algunos suelen usar.
¿Alguien me puede explicar
estos puntos suspensivos? 



algo viejo que merece volver a leerse.

cateterismo

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